Ben Phillips: “El poder de la gente puede desafiar a la gente en el poder”

Text: Arturo Nicolás | English version

A mediados de septiembre tuvimos la gran oportunidad de visitar el cuartel general de Oxfam en Londres. Nuestro propósito era simple pero apasionante: tener una conversación en profundidad sobre la lucha contra la pobreza con uno de los profesionales más experimentados en en este campo. Su nombre es Ben Phillips e, intensamente comprometido con su trabajo, es el Director de Campañas y Políticas de Oxfam

Charlamos sobre muchos frentes: capitalismo, consumismo, la reacción psicológica ante la pobreza, hablamos sobre Responsabilidad Social Corporativa (RSC), comunidades, etcétera. Nuestra conversación podría llevarnos a múltiples conclusiones, pero si algo nos queda claro es que empoderar a la gente es la mejor manera de luchar contra la desigualdad. Es posible. Podemos erradicar la pobreza extrema.


Arturo Nicolás: En primer lugar podríamos hacer una fotografía de la situación actual en la lucha contra la pobreza. Has vivido en varias ciudades y países (Washington DC, Nueva Delhi, Sudáfrica, etc.), así que tienes una visión integral de la situación. ¿Dónde estamos en este momento? 

Ben Phillips: Primero vamos a hablar de las buenas noticias. Cuando solía viajar a pueblos en África y Asia, normalmente veía que la mayoría de los niños no estaban en la escuela, y ahora, cuando voy a los mismos pueblos, la mayoría de los niños -al menos en educación primaria-, están en la escuela. Esto es un gran avance, realmente. En mis visitas también escucho menos historias de las que solía escuchar sobre madres que perdían a sus hijos cuando éstos eran muy pequeños. Globalmente, hace aproximadamente una década, algo así como doce millones de niños solían morir antes de su quinto cumpleaños, y ahora son sobre seis millones. Alrededor de 120 millones de niños solían estar fuera de la escuela primaria y ahora son sobre 60 millones. Esto está en sintonía con mis propias experiencias de ver cómo la gente está mejorando. Para ellos es un enorme progreso, aunque obviamente muchos han quedado atrás.

Pero la desigualdad extrema y creciente presenta un mayor desafío ante este progreso en el abordaje de la pobreza. En cierto grado, el progreso del tiempo, la tecnología, el crecimiento económico, ha permitido a varios países reducir la pobreza -no es completamente cierto, pero es generalmente verdad en relación a la extrema pobreza en varios lugares-. Pero lo que vemos ahora, como culminación de tres décadas en las que las políticas económicas llevadas a cabo por muchos países han exagerado cada vez más la desigualdad, es que el nexo entre crecimiento y la reducción de la pobreza está debilitándose. Así las cosas, vemos varios países técnicamente dejando de ser pobres cuando para la gente sin recursos las cosas todavía no han cambiado o en algunas facetas han ido incluso a peor.

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Ben Phillips, Director de Campañas y Políticas de Oxfam

Fijémonos en Zambia. Oficialmente, Zambia solía ser un país pobre, y oficialmente ahora ya no lo es, sino que es un país de ingresos medios. Pero el número de personas sin recursos es ahora más grande que cuando Zambia era un país pobre. Lo que ha ocurrido es que el grueso del reparto de beneficios del crecimiento del país ha ido a parar a una minoría de zambianos y a forasteros como el sector minero, que se aprovecha del país y no paga una contribución impositiva justa. En muchos países se ha producido un acercamiento hacia el desarrollo económico basado en aquéllo de “déjanos darles más a los de arriba y al final las sobras caerán de la mesa y alimentarán al hambriento”, y eso no ha funcionado. De igual modo, en Nigeria y Angola hay mucha verdad cuando la gente bromea diciendo aquéllo de que ellos son países ricos llenos de gente pobre -de hecho el anterior primer ministro de la India dijo lo mismo sobre su país. Esto está conviertiédose en una experiencia cada vez más normalizada.

Pero lo esperanzador es que no tiene por qué ser de esta manera, es completamente evitable, la desigualdad no es una parte intrínseca del crecimiento económico. De hecho, el crecimiento económico viene dado al hacer frente a la desigualdad. Lo positivo es que si somos serios al abordar la desigualdad, la pobreza extrema puede ser derrotada y podemos mejorar las vidas de millones de personas. Para esto necesitamos volver a ver a las personas como la parte central de la economía, ver cualquer política social o económica como instrumentos para las personas, en vez de ver a éstas como un instrumento de la política económica.

A.N.: Parece que estamos atravesando un cambio de paradigma: muchas personas están hablando del fin del capitalismo…

B.P.: Personalmente no estoy de acuerdo con la idea de que probablemente vayamos a ver el final del capitalismo, creo sin embargo que podemos interpretarlo de diferentes formas. Hay muchas formas diferentes de  capitalismo. Desde lo que muchos llaman el modelo norteamericano o anglosajón hasta el modelo escandinavo, el japonés o el surcoreano, hay muchos enfoques. El modelo escandinavo ha distribuido mucho bienestar. Al principio del siglo XX había pobreza extrema en Escandinavia, pero consiguieron prosperidad debido a que invirtieron en toda su gente. Su crecimiento ha sido constantemente alto, no a pesar de sus políticas tributarias, sino más bien gracias a ellas y su posterior reinversión. Los tigres asiáticos (Japón, Corea del Sur, Taiwan y Malasia) mostraron la prosperidad que se podía obtener tratando de estimular el crecimiento económico y el comercio de una manera que redistribuya, que beneficie a todos. Creo que ese enfoque del capitalismo -que fue también el del presidente Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos en los años treinta-, ha sido exitoso al mejorar los estándares de vida de millones de personas. Lo que no ha funcionado ha sido el fundamentalismo de mercado.

Curiosamente, lo que los teóricos del libre mercado dicen valorar más se está perdiendo en la era de la desigualdad extrema. Pensemos en el sueño americano, que cada vez está más fuera de alcance. El sueño de que una persona normal puede llegar a la cima tiene, de hecho, más posibilidades de ser realizado en Escandinavia que en América. Lo que llaman sueño americano realmente debería ser llamado el sueño sueco o el sueño danés. O pensemos en la competencia. Lo que vemos actualmente en México es una persona, la más rica en el mundo –Carlos Slim– quien controla el sistema de telecomunicaciones y no tiene competencia significativa; es una forma de monopolio. En el sector de banca global también vemos oligopolios. Es una gran distorsión con respecto a lo que gente como Adam Smith habrían querido ver. Vemos un gran control corporativo dominante que reduce la competencia y evita la oportunidad. Este enfoque contribuyó en parte a la crisis y hemos visto las consecuencias de ello.

Yo creo que lo que criticamos no es el capitalismo sino el fundamentalismo de mercado y el poder dominante de las élites y de un pequeño número de corporaciones.

A.N.: Las causas estructurales de la pobreza en países en vías de desarrollo están directamente relacionadas con las causas de la pobreza en Europa y Norteamérica. ¿La gente es consciente de ello? Es decir, el consumismo es uno de los factores que han conducido a la crisis actual…

B.P.: Una de las cosas más fascinantes con respecto a lo que ha ocurrido como resultado de la crisis financiera es que tú puedes reaccionar de dos maneras, y la gente está haciendo esto: nadie es feliz con el statu quo y siente que la clase dirigente ha fracasado al distribuirlo. Algunas de estas personas están encontrando solidaridad unas con otras. Están cuestionando las políticas austeras impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea en Irlanda, España, Portugal, Italia y Grecia, que los forzaron a reducir estándares de vida, donde incluso la Troika -el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea- ha llegado a sugerir que quizás no deberían tener fines de semana porque a lo mejor no pueden permitírselo. La gente está resistiendo esto, lo está criticando. También están empezando a identificar su situación con la situación de otras personas. Creo que mucha gente en el sur de Europa ahora entiende que el ajuste estructural que fue impuesto en Latinoamérica es lo que ellos están atravesando ahora. Y la gente también entiende que la evasión de impuestos por parte de grandes corporaciones es algo similar en el Norte y en el Sur. Así las cosas, en Zambia, Glencore -una compañía minera suiza-, afirma no obtener mucho beneficio en Zambia, pero los zambianos no se benefician debido a un sistema de contabilidad donde tú puedes decir que ganas dinero en cualquier otro lugar. Ese mismo sistema es utilizado por Google y Amazon y Starbucks con los europeos, así que nos hemos dado cuenta que no hay una competición de evasión de impuestos entre africanos y europeos, sino más bien ambos hemos sido explotados por las corporaciones que no tienen nacionalidad, ni patriotismo, ni ideales.

En nuestros mejores momentos hay un reconocimiento de esa solidaridad. En los peores vemos a personas volviéndose en contra de refugiados, inmigrantes, personas que son diferentes. Ésas son las dos reacciones que la gente tiene ante la crisis económica -o expandes fraternidad y ves que hay muchos como tú y que necesitamos trabajar juntos para que la economía funcione para todos, o buscas a alguien a quien odiar, alguien que sea diferente. Espero que la gente elija tal y como hizo en América en los años treinta bajo el mandato de Franklin D. Roosevelt para cooperar más, y no como hizo en Europa también en los años treinta, eligiendo el odio. Y no sé qué dirección tomarán las cosas.

A.N.: “Cuanto más grande es la brecha social, menos compasión se muestra”. ¿Es esto cierto?

B.P.: Es cierto, lo vemos de varias formas. Una es en algunos experimentos psicológicos hechos en personas. Hay uno fascinante donde una ronda del Monopoly -el juego de mesa- es abiertamente amañada, con un jugador beneficiado con mucho más dinero al principio y con reglas injustas establecidas. Entonces filman el juego y ven que durante el mismo, el jugador injustamente aventajado empieza a decir que tiene éxito porque es mejor, incluso aunque sepan que el juego fue amañado al principio. El jugador cambia, todos somos vulnerables a ese cambio.

Otra historia que me contaron, que es divertida pero muy triste, es sobre un experimento psicológico donde dijeron a la gente: “Estáis aquí por un experimento, hay algunas golosinas en la mesa, por favor no las comáis porque se las vamos a dar a varios niños que estarán aquí dentro de una hora para el siguiente experimento”. Aparentemente, cuanto más extremadamente rico eres, más probabilidades hay de que comas las gominolas que estaban pensadas para aquellos niños. En otras palabras, las reglas pueden dejar de tener significado para ti. También hemos visto que a veces, cuando las personas extremadamente sanas ven fotos de personas sin hogar, por ejemplo, la reacción neurológica es menos frecuente que la reacción que la mayoría de la gente muestra cuando ven a otros sufriendo, por lo tanto han dejado de ver a esas personas como personas. Danny Dorling, profesor de la Universidad de Oxford, dice que a él le preocupa que la brecha social pueda agrandarse si las personas dejan de identificarse unas con otras. En varios países vemos frecuentemente que las élites hablan literalmente diferentes lenguas que la mayoría.

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“Necesitas tener la vista puesta en el largo plazo, pero si tú no haces nada a corto plazo matas la esperanza y no vas a ir a ninguna parte.”

En un evento de alto standing en Bogotá, Colombia, me presentaron a varios de los invitados como “Éste es Ben, es de Londres“, y la mayoría de los invitados dijo directamente “he estado en Londres“, y unos pocos dijeron “he vivido en Londres“. Entonces el anfitrión dijo “Ben acaba de visitar el festival del pueblo (en una zona que estaba sólo a una hora y media de Bogotá). Ninguno de los invitados había estado nunca en ese pueblo. Sólo la mitad de los invitados sabía dónde estaba. Así que para la élite de Bogotá, Londres está más cerca que una ciudad de provincias. Esta segregación social, que es una de las consecuencias de la desigualdad extrema, es muy dañina. La gente sin recursos en Colombia que conocí en los pueblos y en los suburbios hablaban de los ricos como si viviesen en diferentes universos y, curiosamente ésta fue una experiencia que también viví en la India, en Sudáfrica, en Paquistán, en varios países alrededor del mundo -que entre las élites y la mayoría emerge un sentido de separación. Existe el riesgo de que las personas dejen de darse cuenta de que todos somos como todos y que cada vida tiene el mismo valor. Los niños más ricos y los más pobres no juegan juntos, no van al bus juntos, no van a la escuela juntos, no comen juntos, y esto es un riesgo de ruptura social.

A.N.: Desde tu experiencia en Oxfam, ¿cuáles son las maneras más efectivas de abordar la pobreza?

B.P.: Lo primero es reconocer el poder extraordinario del ciudadano de a pie. Ya sabes, nadie no tiene nada. Mucha gente no tiene dinero, pero nadie no tiene nada para aportar: la gente tiene conexiones sociales, tiene orgullo, tiene su cultura, tiene pasión, tiene una idea del bien y del mal. Todos tenemos esos recursos y el poder de la gente puede desafiar a la gente en el poder. Lo hemos visto en la historia de los movimientos sociales, desde el movimiento por el sufragio femenino, hasta la independencia de la India, hasta la lucha por los derechos civiles en América, hasta la libertad sudafricana, y ahora en la campaña por los derechos de las personas homosexuales, hemos visto cómo la gente corriente puede tomar el poder de las élites y crear sociedades más justas.

Creo que lo más importante que he aprendido es que se necesita empezar por identificar y apoyar las fortalezas de las comunidades con las que trabajas, no centrarnos en las debilidades. Y ver aquéllos que son más oprimidos no como víctimas, sino como supervivientes, no como personas mendigando un rescate, sino como personas buscando amigos, amigos para apoyar su lucha contra la pobreza.

La otra lección que he aprendido es que la gente en lo que llamamos el Norte y lo que llamamos el Sur no son tan diferentes. La idea que hay de que existe esta ciencia esotérica llamada cooperación al desarrollo en el Sur, mientras que esos mismos problemas son económicos o políticos para gente en el Norte, es falsa.

La mayoría de la gente se siente intrínsecamente atraída hacia la idea de querer cuidar y ayudar unos a otros. Esto es increíblemente positivo.

Creo que podemos ser optimistas, ya que a través de los movimientos hemos erradicado la esclavitud, el colonialismo y podemos derrotar la desigualdad extrema. Hay varias personas poderosas que pondrían obstáculos, pero el poder de la mayoría, yo creo, nos posibilitará construír no sociedades perfectas, pero sí sociedades más justas. Esto no son sueños, son esperanzas que podemos convertir en planes, y planes que podemos hacer realidad.

A.N.: ¿Dónde se encuentra el equilibrio entre la estrategia a largo plazo y las acciones a corto plazo?

B.P.: Yo creo que necesitas tener la vista puesta en el largo plazo, pero si tú no haces nada a corto plazo matas la esperanza y no vas a ir a ninguna parte. Echemos un vistazo a la reducción de la desigualdad. Necesitamos mantener una gran visión, pero hoy mismo querremos ayudar a la gente a conseguir un mejor sueldo por su trabajo, o querremos proteger a las mujeres de la discriminación, o querremos asegurar que cada niño va a la escuela, o querremos asegurar que aquéllas compañías que no pagan sus impuestos son obligadas a ello. Todas esas cosas son pasos hacia la justicia social, ninguno de ellos es suficiente por sí mismo. No hay una sola respuesta para crear una sociedad más justa, necesitamos muchas cosas, pero necesitamos empezar en algún lugar haciendo alguna de ellas, en parte para mostrar la manera, en parte porque necesitamos la esperanza y en parte porque ahora mismo mucha gente está sufriendo mucho, necesitan algo hoy y no es justo prometerles sólo cosas para mañana. Necesitamos dar algo a la gente ahora mismo.

Mi enfoque y el de Oxfam es que tú necesitas estar allí en el aquí y ahora, y necesitas estar fortaleciendo el poder de las personas y abordando sus mayores causas. Desmond Tutu pide a la gente que imagine que están yendo al lado de un río y ven varias personas ahogándose. La primera cosa que hacer es saltar al río y ayudarlos a salir. La segunda cosa podría ser enseñarles cómo nadar, porque entonces será menos probable que se ahoguen. Pero si escuchas a la gente en el río te enseñarán que la razón por la que están allí es porque alguien los está empujando y juntos necesitáis parar a esa persona. Ahora tenemos que hacer todas esas tres cosas. Creo que es lo que hacen Oxfam y otras organizaciones sociales. Necesitamos mantener la vista en el mañana, pero también necesitamos aportar algo hoy. Los movimientos de mayor éxito lo han hecho siempre.

A.N.: A veces aquéllos que empujan a la gente al río son grandes compañías. Una de las razones por las que más admiro a Oxfam es su actitud con las corporaciones: “Oxfam alaba a las empresas cuando lo hacen bien, (Oxfam) hace campañas cuando lo hacen mal, (Oxfam) ayuda cuando ellas quieren hacerlo mejor. Las tres cosas son necesarias.” ¿Este lema funciona?

B.P.: Sí, funciona. Te daré un ejemplo. En muchas partes del mundo, lo que la gente llama escritura, ese trozo de papel que dice “esta tierra es tuya”, no es muy seguro. Varias personas tienen un trozo de papel pero puede serles arrebatado, y mucha gente ni siquiera tiene un trozo de papel cuando han estado en esa tierra durante generaciones. La gente vive con el miedo de que un día, una compañía poderosa sea capaz de expulsarlos de su tierra para cultivar azúcar, soja o a veces sólo para conservar la tierra porque su valor se incrementará y pueden hacer negocio con ella.

Hemos estado ayudando a la gente a enfrentar todas esos acaparamientos de tierras durante muchos años, y la gente siente que no tiene poder de negociación suficiente con esas empresas. Muchas de las compañías que adquieren tierras venden sus productos a multinacionales. Y éstas están muy preocupadas por sus consumidores y su marca, se esfuerzan por ser bien vistos. Hemos desafiado a Coca-Cola y Pepsi diciéndoles “tus políticas no son suficientemente fuertes para evitar que las compañías a las que compras azúcar les arrebaten las tierras a la gente. Así que hay un riesgo: cuando la gente bebe Coca-Cola y Pepsi podrían estar bebiendo la tierra que les ha sido robada a los pobres”.

Creamos un vídeo viral en Youtube con gente bebiendo latas en las que había tierra. Tuvimos conversaciones complicadas con las compañías. Ambas modificaron sus políticas, y cuando lo hicieron les dijimos: “Seguiremos pidiéndote explicaciones pero, por ahora, gracias, bien hecho”, y yo me reuní con varios de los líderes de esas compañías y nos dijeron: “Agradecemos realmente el hecho de que nos hayáis interpelado y que cuando cambiamos nos lo hayáis agradecido, lo apreciamos de verdad”. Y cuando hablamos con los granjeros de esas tierras ellos dicen: “es genial que varias multinacionales ahora insisten a las compañías que les venden azúcar: “prueba que esa tierra que tienes es realmente y justamente tuya, que si la gente la abandonó fue porque ellos así lo eligieron”. Así que al final varias azucareras están hablando con los agricultores porque varios de sus clientes clave tienen que hacerlo.

Así que realmente funciona, las grandes compañías cambian sus políticas debido a la presión del poder del consumidor. Ahora, en muchos lugares los agricultores son más poderosos de lo que solían ser. Esto no va sobre nosotros salvando a esos agricultores. El trabajo más importante es el realizado por ellos, pero nosotros les hemos ayudado interpelando a los intermediarios, desafiándolos de manera justa. No estamos en contra de ninguna compañía, pero sí en contra de la mala praxis y hemos mostrado que mediante estas llamadas de atención a las compañías puedes marcar la diferencia.

A.N.: En relación a esto, ¿qué opinas sobre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC)? ¿Podría ser un espacio adecuado para facilitar el contacto entre las compañías y las ONG o es sólo una especie de lavado de imagen?

B.P.: La palabra RSC significa que la corporación debería ser socialmente responsable, justo del mismo modo en el que un ser humano debería ser socialmente responsable. Pero la RSC es usada por varias compañías para decir “haré un daño enorme y luego algunas cosas buenas y cuando haga éstas me aseguraré de que hay una fotografía. Ésa no es la RSC real.

Un líder muy sabio de una compañía me dijo: “Yo me niego a decir que la RSC es un departamento en la compañía responsable de donar el 1% de los beneficios. Si la RSC es el 1% de lo que hacemos, entonces el 99% restante es irresponsable.” Así que lo que les decimos a las compañías es que si tú quieres donar a las ONG, si tú quieres hacer proyectos y animar a tus empleados a que hagan voluntariado, todas esas cosas son buenas, pero la RSC significa que el núcleo de tu negocio necesita ser responsable. Esto quiere decir por ejemplo pagar un sueldo digno a tus trabajadores, no pagar a tus ejecutivos una cantidad ridículamente excesiva e insultante, que haya un equilibrio entre ambos. Con respecto a la comunidad en la que trabajas, no destruyas la tierra, o el agua, o el aire. Paga tus impuestos. No encuentres una manera más inteligente de fingir que trabajaste en África cuando realmente estabas operando en Luxemburgo o en Liechtenstein, o Mónaco, o en las Islas Vírgenes Británicas. Paga tus impuestos porque te estás beneficiando del gobierno y la sociedad así que deberías contribuir. Si además te gustaría hacer algunos proyectos, genial, pero sólo es un añadido, la verdadera RSC va sobre cómo tu modelo de negocio mejora la vida de la gente, y es éso sobre lo que conversamos con las empresas. Pueden estar enormemente sorprendidas porque a veces, cuando nos reunimos por primera vez con ellas, piensan que como ONG vamos a pedirles un cheque, pero nosotros queremos discutir su modelo de negocio, no estamos interesados en lavados de imagen.

A.N.: ¿Son las comunidades el nuevo grupo de referencia en nuestra sociedad?

B.P.: Todos necesitamos comunidades. Es a través de la comunidad donde el individuo encuentra su fortaleza. Cuando pensamos sobre las cosas en las que somos buenos, sabemos que tenemos esa habilidad porque un amigo o un profesor o un vecino nos ha ayudado a mostrarla. Particularmente en tiempos de crisis la gente se da cuenta de cuán importante es la comunidad. Creo que hay además una necesidad básica de comunidad. Los especialistas hablan sobre comunidades online, y lo online podría ser una manera maravillosa de conectar gente, pero lo que es realmente importante es offline, el tiempo real, físico, en el suelo, comunidades, gente reuniéndose con sus clubes, con sus vecins, con sus grupos de fe, o porque quieren celebrar, o protestar, o organizarse. Ha habido un redescubrimiento del valor de todo eso, el valor de algo más grande que nosotros mismos y el reconocimiento de que no estamos luchando por la independencia, estamos esforzándonos por la interdependencia.

A.N.: ¿Te importa si te pregunto por qué amas tu trabajo? 

B.P.: En absoluto. Soy realmente afortunado. Mucha gente maravillosa ha sido parte de la historia de Oxfam, y cuando los conozco, gente que ha desarrollado vías para detener el número de víctimas tras los desastres asegurando que el agua se mantenga limpia, o gente que valientemente hizo frente al Apartheid en Sudáfrica, ellos han sido mis héroes y es un honor haber podido conocerlos.  También he podido conocer a fantásticos líderes rurales como las mujeres que conocí en Paquistán, quienes están luchando por sus derechos sobre las tierras, la educación y la justicia. Es un auténtico privilegio conocer al equipo de Oxfam trabajando en lugares como Gaza, proporcionando agua y ayuda inmediata a la gente y desafiando el bloqueo que ha causado gran sufrimiento. En mi trabajo, en mi jornada diaria, formo parte de algo que es tan especial y tan maravilloso que para ser un trabajo es increíble. Me siento bendecido al hacer esto.