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Diego Parajó: “Dinamizar, empoderar, dinamitar” (II)

30 Jun , 2014  

Texto: Arturo Nicolás | Versión en galego

A continuación reproducimos la segunda parte de la conversación que mantuvimos distendidamente con el gran Diego Parajó, socio fundador y gerente de Xeneme proxectos sociais, entidad de referencia del Tercer Sector en Galicia. En esta ocasión charlamos sobre Responsabilidad Social Empresarial (RSE), design thinking y nuevos espacios y formas de participación ciudadana. Si quieres consultar la primera entrega de la entrevista pincha en este enlace.


Arturo Nicolás: Antes hablábamos sobre la estrecha relación que existe entre la RSE y la beneficencia en muchas empresas. Tocábamos también off the record el gran conflicto cortoplacismo vs largoplacismo. Por lo general, tanto empresas como administraciones públicas apuestan por lo inmediato, por responder únicamente al aquí y ahora. ¿Cómo se combate esto? ¿Cómo se inocula esa determinación por el largo plazo, por un plan estratégico a años vista? ¿Cómo se huye de la cultura de pan para hoy y hambre para mañana? Comencemos por el enfoque de las empresas, si te parece.

Diego Parajó: Claro, para mí el fomato precisamente va por ahí. Son las pequeñas empresas las que al final no tienen ese margen de maniobra. Después de 15 años ya vivimos un montón de cambios (de gobierno), depende de cómo se vaya haciendo. En general simplemente es algo que tienes ahí y que vas gestionando de forma natural, es un proceso democrático y cuando, como en nuestro caso, trabajas para la administración, no tiene que significar tampoco ningún problema. Es una realidad. Lo asumes como parte de tu enfoque de trabajo.

Entiendo que las empresas que no están orientadas a los servicios públicos van mucho más allá. Lo que buscan es la supervivencia y un desarrollo de proyecto y creo que ahí sí que existe ese largo plazo. Lo que pasa es que es como todo: ¿Cuál seríal a mejor estrategia para ir implementando esas políticas de RSE dentro de las empresas, tanto grandes como pequeñas? Pues ir consiguiendo que se convierta en una aportación de valor. Hay quien valora que la obligatoriedad de la RSE sería un problema porque entonces abriría un mercado que no sería real, como ha pasado en muchos casos. Sin embargo, tampoco la voluntariedad facilita demasiado las cosas. Cuando miro para mí y veo que me presento a una licitación pública y no importa nada que yo sea una persoa que tenga una memoria de sostenibilidad… De alguna manera parece que se quiere empezar a incorporar estas responsabilidades…

A.N.: …cláusulas sociales.

D.P.: …exactamente. Yo pienso que eso crea una dinámica y eso lo genera la propia administración. Parece que, por ejemplo en Galicia, con el nuevo marco regulador de aquel día cuando hablábamos, con la creación del Observatorio da RSE, parece que hay un compromiso de que el camino vaya por ahí. Pero no es muy visible, no es algo de lo que la gente esté hablando en la calle. Es un tema que todavía no está encima de la mesa. Sin embargo, la gente valora positivamente que las empresas adopten esos papeles de forma clara.

En relación al cortoplacismo: es el mal endémico del modelo que tenemos. También es un mal momento para plantear cualquier otro tipo de modelo, porque se están cuestionando realmente los propios modelos del bipartidismo y demás, sobre todo con estos grandes fregados que estamos viendo estos días en Santiago, por ejemplo. Con este tipo de historias, ¿cómo vas a plantear un largo prazo? Ni de broma, la gente lo que quiere es que haya más control, mayor transparencia, mayor rigurosidad en la información que se transmite. Yo creo que hay más compromiso de que se implante por parte de las empresas y de la propia ciudadanía que por parte de los grupos políticos, porque eso significa cambiar el modelo, que hasta ahora mismo es un manos libres.

Pienso que va a haber cambios importantes en los próximos años. Se está produciendo un cambio social importante, no sólo de los modelos productivos, sino también de cómo la gente está viviendo la realidad y cómo va a quedar el mundo después de estos años de precariedad en España. Yo creo que va a cambiar bastante el modelo, pero es muy complicado ese cortoplacismo tal y como está configurado.

Mi vivencia es a dos niveles. De gobiernos locales que están instaurados, que non tienen miedo de perder y eso les permite atreverse a acometer cambios de mayor calado, de cualquier color. Lo ves en ayuntamientos importantes aquí en Galicia, estoy pensando en Ribeira (PP) y en Pontevedra (BNG-PSOE). Esa trayectoria de años está permitiendo en muchos casos la transformación de muchísimos aspectos. Claro, eso puedes hacerlo cuando tienes esa seguridad de que vas a continuar. En esos casos, esos grupos de gobierno se atreven a ir más allá, pero no dejan de ser medidas muy locales y de impacto directo en la comunidad de referencia que se traduce en votos.

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Diego, al igual que en la foto de portada, en plena sesión de #Pontetipando, dentro de Pontemprego 2014, feria de empleo de Pontevedra.

A.N.: Momento para hablar por fin de la Ponte GovJam celebrada en Pontevedra el pasado 7 de junio. Vamos a empezar la casa por el tejado: ¿qué es lo que más te enganchó de este evento?

D.P.: [se toma unos instantes para pensar] La parte emocional que genera el hecho de trabajar con gente que no conoces de nada intentando resolver un reto que siempre tiene la coletilla de cambiar el mundo.

A.N.: Qué bueno…

D.P.: [risas] La jam está dentro de un evento internacional que consiste básicamente en el planteamiento de un reto a nivel mundial y que se va descubriendo poco a poco. Hay varias temáticas. El primer evento es la Global Service Jam, donde se pretende diseñar, bajo un reto, algún servicio, proyecto, producto, protocolo, instrucciones, etc., algo que vaya orientado específicamente a una medida que mejore de alguna manera el mundo.

La segunda jam es ésta que hicimos el fin de semana del 7 de junio, precisamente sobre ese mismo reto pero partiendo de los servicios públicos, un concepto genérico de gov, para que tuviese cabida en todo el mundo.

El siguiente evento anual que se hace es la sustainability jam, que es precisamente sobre temas de sostenibilidad. Lo más divertido de todo esto es que el reto se descubre primero en la zona de Australia, y a medida que van pasando las horas se va descubriendo y arrancando en cada una de las jams en 54 países, de tal manera que por ejemplo nosotros en la jam anterior tuvimos una conexión con Chile: nosotros estábamos en pleno proceso creativo mientras ellos estaban descubriendo el reto.

Para poder hacer esto -realmente es una jam de diseño de productos y servicios-, se utilizan todas las metodologías del design thinking aplicado a solución creativa de problemas. Qué pasa, que en vez de hacerlo con tu equipo de referencia lo haces con personas que no conoces de nada.

Global Jam Pontevedra from el espejo mágico producciones on Vimeo.

A.N.: Claro, porque esta jam se hizo en un coworking de Pontevedra (Espazo Arroelo) con personas que no se conocían entre sí…

D.P.: …sí sí, y claro, en la jam se explican un poco las metodologías que se van a usar. Obviamente la mayoría de la gente que viene no conoce aspectos básicos de design thinking. En este caso era más orientado a un service design focalizado en el diseño de servicios y en el diseño de la experiencia de cliente en ellos. Tiene que ver precisamente con cómo es la vivencia de la persona cuando entra a un servicio público. Si luego lo llevas a problemáticas sociais podría multiplicarse por mil el efecto positivo en las personas, más allá de una terapia, más allá de la prestación concreta de un servicio.

Tras la explicación de la metodología, luego lo que sucede es que se descubre el reto, que suele ser un vídeo creado pola organización global de la jam, donde descubre un tema que nadie conoce. El tema secreto este año fue la confianza. Partiendo de esa metodología y de esa palabra se inicia el proceso de creación.

A.N.: Confianza, un concepto fundamental en el consumo colaborativo…

Diego: Exactamente. Y este año, sobre todo con las vivencias que estamos teniendo en relación al mundo que tenemos ahora mismo y a nivel local sobre todo –nivel local entendiendo España-, hay una vinculación directa con la transparencia. Aparecieron un montón de elementos que tenían que ver necesariamente con la transparencia. Una vez que tienes definido el reto tienes que intentar validarlo y consultar en la calle. Sales y coges las percepciones o insights de la gente preguntando qué opina sobre este tema. Fue muy interesante porque mucha gente era en plan…qué sois, los de Podemos? [risas] Creían que era como un rollo así, la gente flipaba. Flipaban los que iban a preguntar y flipaba el resto de la gente.

Con esas ideas vuelves para arriba y validas -o no- el problema que estás intentando resolver. El gran problema es identificar el problema a resolver. Utilizar la creatividad está muy bien, pero muchas veces diseñamos soluciones perfectas para problemas incorrectos. Aquí de lo que se trata primero es de distinguir cuál es el problema correcto, qué quiero resolver. Una vez que lo tienes aparece un proceso de pensamiento guiado en la divergencia: miles de ideas, cuantas más mejor, para luego hacer un cribado, una selección, un estudio, trabajar con esas ideas hasta que finalmente dices pues mira mi idea va a ser ésta. Una vez dejas esto delimitado, que puede ser un servicio, un proyecto, una web, una app, etc., es cuando se empieza a trabajar en la ideación del servicio, es decir, cómo sería la experiencia de cliente en el uso de ese servicio. Después se hace un prototipado rápido: un cacharro interactivo que se pueda fabricar con las manos de forma rápida, divertida y barata, que suele ser una chorrada guay en toda regla [risas]. De hecho aparecieron cosas geniales, no sé, una escuela representada con muñecos de Lego, una caja de experiencias que construyeron con las cosas que pasaban dentro, a un grupo se le ocurrió diseñar La sala da confianza, para mí el más atrevido, un prototipo, una idea basada en que todos los edificios y todas las empresas tuviesen una sala de la confianza donde tú pudieras entrar y estar y que alguien te acompañara y te sirviese como guía espiritual para salir de tu estrés emocional de forma distendida, que eso fuese algo normal, que en cualquier lado hubiera una sala de la confianza [risas], entonces montaron un vídeo para poder explicar cómo sería una interacción de ese estilo y tal.

Claro, es increíble que de una palabra que sale a las 09:00 de la mañana consigas tener prototipos realmente increíbles y desarrollados a nivel de concepto como para hacer una presentación. Luego toda esa información se va subiendo paulatinamente a esa plataforma donde el resto de la gente de todas las jams del mundo está subiendo información. Además están en las redes sociales, por ejemplo el otro día estuve ahí viendo la jam de China. Esta vez vi mogollón de jams asiáticas, mogollón de gente que está haciendo cosas. Es una pasada porque tú lo estás viviendo en el mismo momento, que es quizás una de las cosas más atractivas. Sabes que estás compartiendo una vivencia con miles de personas en todo el mundo que están con la misma premisa: intentar mejorar los servicios públicos y mejorar la calidade de vida de la gente.

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Diego Parajó en acción durante la edición de 2014 de Zinc Shower. Foto: Extreme Service Design Drinks

El reto tiene que ser algo –ahí está el tema de la innovación social- que pueda ser replicable en cualquier parte del mundo, exportable, que sea útil más allá del concepto local. Suele pasar muchas veces que ese tipo de utensilios se lleva siempre a un problema local y no, aquí sempre va con un concepto global. Luego entras en la página de la GovJam, puedes ver todo el resto de proyectos y es increíble –fue una de las cosas que más me llamó la atención- cómo a nivel mundial hay la necesidad de que se escuche a la ciudadanía. Hay mogollón de proyectos que plantean de una u otra manera que la ciudadanía pueda formar parte activa de la toma de decisiones de los gobiernos. A mí eso me lleva a pensar que no es una cuestión puntual que yo estoy viviendo aquí. Para mí está siendo también un elemento transformacional a nivel personal, porque estoy dándome cuenta de que lo que yo estoy pensando va más allá de estar en contacto con cuatro o cinco personas que creen que hay un cambio de modelo, sino que ahora hay un montón de gente en todo mundo planteando que se necesita un cambio de era. Está claro que hay un cambio global y que pasa mucho por la cuestión cívica y la participación social.

A.N.: Para terminar y recoger un poco toda la conversación, parece que estamos experimentando precisamente ese boom de la participación ciudadana y estamos volvendo a la dimensión de la comunidad. El desarrollo comunitario se convierte en eje casi fundamental de este cambio.

D.P.: Es divertidísimo [risas]. Al tocar fondo cuando realmente no sólo nos van mal las cosas, sino que nos quitan de un plumazo aquellos derechos adquiridos, lo que se reactivan son experiencias que en España se vivieron durante los años 80, que fue la explosión de los planes comunitarios. No volvemos a hablar de nuevo de planes comunitarios, pero sí está existiendo una tendencia a tener a la comunidad como grupo de referencia.

La implicación de las personas en las redes comunitarias, que ya son reales y virtuales -lo que le da muchísima más potencia porque accede mucha más gente y se hacen visibles para otra que de otra forma no lo eran-, en muchos casos tiene consistencia porque se replica de forma muy rápida y se corresponde con otras vivencias que están pasando en el otro lado del mundo, que tamén es lo que le da una dimensión increíble. Hay un proyecto muy interesante aquí en la zona de Caldas de Reis (Pontevedra), a partir de una empresa que está cambiando el modelo productivo de la zona. Transformó las viñas locales empezando a cultivar unas esponjas que les llaman luffas, que son como pepinos que por dentro tienen una textura completamente distinta. Y claro, toda esta comunidad está usando esa innovación como una reformulación de lo que en el rural antes era un problema e ahora está siendo una gran oportunidad.

Curiosamente, en Paredes de Coura -en el norte de Portugal– están viviendo un proceso similar co otro tipo de cultivo. Y se pusieron en red. Claro, está pasando también un poco ese nuevo diálogo: cómo en determinadas comunidades se están cuestionando los modelos instaurados de reciclaje, porque lo único que estamos haciendo es producir más basura sin solucionar el problema de base. Hay un proceso -me explicaron el otro día- de consumo circular. Al final seguimos generando basura y jugamos a ver si sucede algo pero no.

Están apareciendo un montón de iniciativas que tienen que ver precisamente con la puesta en valor de las experiencias e iniciativas que hasta ahora mismo eran aisladas. Las redes sociales están permitiendo que la gente se ponga en contacto y te das cuenta de que no solamente no estás solo, sino que eres parte de un movimiento. Creo que esta filosofía viene un poco tamnién del márketing, no de generar campañas sino generar movimientos. Están integrándose y están haciendo que cada vez aparezcan más colectivos amparados por esa filosofía de trabajar en comunidade, de hacerlo de una forma organizada y comunicada y que está siendo, claro, una pérdida de control para las autoridades, cosa que da mucho miedo. Por eso creo que hay una reacción de control respecto de lo que está sucediendo con el consumo colaborativo. Que existan estructuras comunitarias y que de repente aparezcan espacios no controlados, no reglados, donde profesionales hacen no-se-qué cosas, entiendo que desde el punto de vista de control pues debe de ser complicado.


* Consulta en este enlace la primera parte de la entrevista a Diego Parajó.


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