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Diego Parajó: “Dinamizar, empoderar, dinamitar” (I)

26 Jun , 2014  

Texto: Arturo Nicolás | Foto de portada: Startup Pirates Galicia | Versión en galego

Quedamos con nuestro invitado a las 17:30 horas en Vilagarcía de Arousa, en plenas Rías Baixas gallegas. Arrancamos el coche estrenando el nuevo disco de Kasabian mientras vamos comentando el gran juego que puede dar la entrevista. No en vano, hemos querido sentarnos a charlar con Diego Parajó, socio fundador y gerente de Xeneme proxectos sociais, por la creatividad que desprenden tanto sus palabras como sus proyectos.

Tras equivocarnos de dirección y caminar casi tres kilómetros por error -somos humanos-, llegamos por fin al cuartel general de Dalleqdalle, el espacio coworking en el que actualmente trabaja Diego. Después de presentarnos al resto de coworkers y ponernos al día de nuestros respectivos proyectos, nos dirigimos al muelle. Compartimos unas cervezas frías en la terraza de un bar sobre el mar, un escenario de postal para una entrevista que promete mucho.

Diego seduce porque, además de ser un culo inquieto y un huracán de ideas, es un tipo que habla desde la experiencia. Uno no tarda mucho en percibir que la innovación social corre por sus venas. Y una cosa está clara: haberlo pillado en pleno proceso de transformación de su empresa ha sido una auténtica bendición.


Arturo Nicolás: Comencemos haciendo un repaso de la historia de Xeneme proxectos sociais: ¿por qué y cuándo nació, qué hace, qué momento vive actualmente?

Diego Parajó: Nace en el 98. Somos de la 2ª promoción de Educación Social en Santiago. Fue una vivencia muy intensa porque es llegar a la facultad y vivir el hecho de que ni dios sabía nada, los propios profesores estaban muy emocionados con esa nuevo camino y demás. Aquellos años también los vivimos como muy activos a nivel de organización estudiantil. Luego algunos de nosotros pasamos a formar parte de los procesos que se generaron a partir de ahí, como fue una asociación de estudiantes, luego una asociación profesional. Eso fue el germen de lo que sería el Colegio de educadoras y educadores sociales de Galicia (CEESG).

Vivimos muy intensamente lo que fue la implantación y el desarrollo de esos primeros momentos de la educación social desde la universidade –ya había gente haciendo educación social desde mucho tiempo atrás-. Era un tema muy nuevo y desubicado en relación a cómo relacionarse con el resto de profesiones. Hay un planteamiento que sigue vigente en algunos casos, temas de rollo corporativista y tal. Claro, para mí todo eso quedó muy de lado, la vida me fue dando otra cosa completamente distinta.

Desde que nació Xeneme hasta pasados 10 años –hasta 2008- lo que hubo se desarrolló en varias fases. En un primer momento casi era un modelo asociativo, una ONG donde lo que pretendías era ir sacando proyectos poco a poco mientras ibas haciendo otras cosas, sobre todo formarte y participar con otra gente.

Quizás fue a partir de 2003, cuando montamos la sociedad limitada laboral (S.L.L.), cuando empezamos a acelerar: cambiamos los métodos, nos formamos más en temas de empresa, empezamos a viajar y conocer otros modelos de negocio que estaban progresando en el resto de España, sobre todo en País Vasco y Cataluña. Y también gracias a esa red que estaba compartida con el colegio profesional te das cuenta de que estás haciendo lo que se está haciendo en muchos sitios.

En 2007 participamos ya como ponentes en uno de los congresos de educación social, que para nosotros fue como un subidón. Fue como hostia, estamos en el mejor momento, y realmente fue así, 2008 fue un año de subidón: éramos un montón de gente, unas 15 personas trabajando. Era demasiado. En aquel momento era la leche y ahora mesmo lo veo en la distancia como una pérdida de control sobre el crecimiento de la empresa, que tenía mucho que ver con el hecho de que el 90% de nuestros nosos clientes eran ayuntamientos. Éstos estaban nutriéndose financieramente de toda esa burbuja inmobiliaria y claro, en el momento en que todo eso comenzó a fallar empezaron a verse los primeros desajustes.

En 2008 ya había desajustes que tenían que ver con los famosos impagos de los ayuntamientos. Eso, sumado a un cambio de gobierno en la Xunta que frenó por completo la linea de desarrollo de subvenciones, pues nada, en cuestión de dos años, en 2010, estamos cayendo en barrena. Como cuando vas en bicicleta y sabes que te vas a pegar una hostia , lo sabes [risas], sabes perfectamente que non puedes hacer nada: es lo suficientemente rápido como para no poder hacer nada pero suficientemente lento como para ser consciente de que te vas a pegar una hostia. Esto lo vivimos nosotros también.

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Diego Parajó trabajando visual thinking y “diegramas” para trazar estrategias corporativas en la Cidade da Cultura (Santiago de Compostela).

Más o menos en 2010 fue cuando tuvimos que tomar conscientemente las riendas de cómo desmantelar una empresa. Para mí fue uno de los aprendizajes más interesantes; nadie habla de esto cuando habla de emprendimiento, todo dios te vende la película de monta una empresa, monta un negocio, desarróllate como persona… ya, pero tamén hay una parte importante que no se aborda que es ¿qué haces si eso, por las circunstancias que sean, no funciona? En el caso de este momento concreto no fue sólo debido a una mala gestión o mala toma de decisiones, sino que ocurrió en un contexto en el que no era tu empresa la que cae abajo, sino que de repente empezaron a caer empresas por todos lados. Ni sequiera los propios consultores que teníamos en aquel momento tenían muy claro realmente por donde iba nada.

Aquello significó principalmente encontrarnos con una realidad muy dura. Lo represento siempre como una nave llena de trabajadores sin carga de trabajo. Eso fue ya como la hostia increíble, porque claro, soportar esos costes era imposible: despidos, EREs, etc., hasta que finalmente llegamos a un punto de equilibrio que ya fue en 2011, donde nos quedamos las personas centrales de la empesa, las que hemos llevado la empresa durante mucho tempo.

Luego empezamos a trabajar ya en un formato colaborativo. En vez de estar pensando en contratar a gente lo que empezamos fue una dinámica natural de trabajar en red con gente. Empezamos a encontrarnos más a gusto: es una menor carga de responsabilidad –no podías asumirla-, pero también es cierto que había máis gente dispuesta a trabajar de otra manera. Eso empecé a vivirlo a partir de 2011 con otras empresas y con otros profesionales del sector, y sobre todo de otros sectores. En el mundo de lo social en Galicia la gente es mucho de trabajar en lo público, conseguir un curro en alguna entidad que te contrate para hacer proyectos. Sin embargo, esa realidad cada vez va a menos y te encuentras cada vez con más gente que trabaja por cuenta propia. Ahí es donde realmente empezó a gestarse la transformación de Xeneme en lo que ahora mismo todavía no se lo que es, pero es el gran cambio que hizo. Eso vino acompañado de varias cosas: la linea de servicios sociales desaparece conforme los servicios sociales en Galicia no existen.

A.N.: …directamente.

D.P.: Claro. Lo que estudié planteaba un escenario donde había servicios sociales. Es curioso cómo ahora mismo lo veo y digo coño, pues estuve montando cosas de una utopía [risas]. Realmente hay cantidad de cosas que no están y que son totalmente necesarias, derechos adquiridos que directamente se esfumaron.

Todas las reformas constantes en la educación hicieron tambalear también la otra parte que hacíamos, la de proyectos educativos orientados a profesorado. Y por gusto personal hubo un montón de proyectos que íbamos haciendo casi de broma, que eran los de gestión cultural, una parte residual del trabajo que ahora mismo son el 80% del trabajo que hago.

A.N.: Ahora estás ubicado en el espacio de coworking Dalleqdalle, situado en Vilagarcía. La impresión que nos ha dado al entrar en él fue inmejorable, háblanos de esta iniciativa.

D.N.: Yo creo que Dalleqdalle nace como consecuencia de dos cosas. Por un lado hay un grupo de persoas que vienen de intentar ver realmente cómo se pueden activar a nivel profesional y estudian el mercado. No hay muchas cosas en Vilagarcía, y una de las que no existía es el concepto de coworking, entonces cogen y lo lanzan. Lo lanzan también porque hay otras referencias en Galicia que están saliendo: el primer coworking nació en A Coruña y se empieza a replicar el modelo. En todas las ciudades hay uno, dos o tres espacios de cowork que están funcionando.

La diferencia que se produce tiene que ver con que aquellos que funcionan realmente como espacios de coworking son entramados de redes de trabajo. No son centros de negocios que se llaman coworking porque es mucho más molón y moderno.

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De izquierda a derecha: Xabier Rodríguez, Diego Parajó y Arturo Nicolás, en el photocall del espacio coworking Dalleqdalle.

Lo que se está generando son espacios de trabajo colaborativo, donde en algunos casos hay profesionales que vienen de profesiones que requieren básicamente un espacio, una mesa, un pc y poco más, que tienen mucho que ver con la gestión de la información y el conocimiento, pero también es certo que están apareciendo otros perfiles. Por ejemplo, en el cowork de Pontevedra (Espacio Arroelo) me llama mucho la atención que hay personas que fueron al cowork a buscar su camino, gente que en vez de quedarse en casa repensando qué es lo que hace, entendió que la filosofía del cowork podía ser un espacio de inspiración y allá se fue. Esto está sucediendo.

Aquí en Vilagarcía está arrancando, pero también es cierto que hay unas carencias increíbles -por non decir falta de responsabilidad de los gobernantes-, que tienen que ver sobre todo con esa toma de las riendas de esta comunidad para realmente favorecer -ya no digo que tengan competencias o no- que las persoas tomen un papel activo en la toma de decisiones. Mi impresión es que la gente realmente no ve que exista un diálogo ni una escucha, todo se lleva a un plano de tensión a nivel político. Claro, eso genera una oportunidad para un espacio como Dalleqdalle, que es asumir el liderazgo en la generación de oportunidades a nivel de comunidad. Con todo el morro del mundo y con toda la autoridad que eso lleva consigo. Supongo que tendrán que venir un montón de hostias, por falta de confianza y por todo lo que supone emprender, pero en mi caso no es nuevo.

Lo estoy cogiendo como un proyecto completamente motivador. Hace poco hablaba con gente que me decía ¿Cuál es la filosofía de trabajo que estás haciendo ahora mismo en Xeneme?” Pues al Zinc Shower llevamos la frase de Dinamizar, empoderar, dinamitar. Es simplemente cambiar una letra, pero cambia por completo el contexto y la finalidad. Veníamos un poco de esa realidad, de lo que yo entiendo por desarrollo comunitario: hay que dinamizar a la comunidad. Ya, dinamizar, pero dinamizar ¿para qué? Pues para que las personas se sientan libres y cojan las riendas realmente de lo que a nivel de comunidad es importante para ellas…

A.N.: …empoderar.

D.P.: …empoderar, al final. Pero también: ¿empoderar para qué? Si nada cambia, si el sistema no cambia, si las reglas del juego no se modifican, si las empresas siguen pensando en producir y en ganar dinero de la misma manera, si no existe una cuestión ética adecuada a los nuevos tiempos que corren… no sirve para nada. Seguiremos replicando el mismo modelo. Claro, me doy cuenta de que realmente el papel de transformación de todo esto que llevo haciendo durante tantos años ahora está empezando a ver la luz y digo hostia, era esto. Simplemente era cambiar una letra.

Suena muy hostil, muy retador, como muy de mala hostia, rápidamente te tildan de radical con K, pero no. Realmente es sencillo: no se trata de dinamitar nada físicamente, se trata de provocar una gran explosión emocional y que se produzca un despertar en algunas personas que realmente son líderes pero no lo saben. Personas que tienen realmente la capacidad de movilizar a colectividades, pero que el propio sistema se encarga de callar ese proceso, porque si no estás en el sistema eres un antisistema. Claro, hablar de la responsabilidad social en muchos casos es cuestionar el status quo de gobernantes, de grupos de poder, de empresas que son incuestionables, y no es cierto.

Cuestionar las cadenas de valor de las empresas y, por qué no, de las propias administraciones, para mí tiene que ver con escuchar y facilitar que esas personas que realmente tienen un poder natural para convencer, puedan hacerlo. La vía política es perfecta, pero hay otra gente que lo hace de otra manera, sea con sus actuaciones en ONGs, con sus actuaciones concretas en empresas, etc., para mí es dar un paso más allá. En Galicia sigo viendo cómo sigue muy vigente el formato de patrocinio y colaboración con un montón de actos sociales, que son esas tarjetas escaneadas que aparecen en los carteles de las festas y de las romerías. Ésa es la actividad de patrocinio de muchas empresas. Ya, pero es que luego dicen claro es que yo hago mogollón de cosas, yo aporto mogollón de dinero o el que puedo para hacer este tipo de cosas. Para mí es el gran reto: hacerles llegar a las pymes gallegas otra forma de participar y transformar su comunidad.

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Diego Parajó, colaborando con el programa Startup Pirates Galicia.

A.N.: AHora que hablas de las pymes, ¿qué papel puede jugar la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en la relación entre las pequeñas y medianas empresas y el Tercer Sector? Parece necesario encontrar un modo de ser socialmente responsable sin caer en el mero márketing…

D.P.: …ni en el márketing ni en la beneficencia.

A.N.: …exacto, nin en el asistencialismo.

D.P.: Exactamente. Para mí ése es el gran reto. Yo lo viví estudiando el tema de la RSE en el máster. Claro, las prácticas eran sobre empresas grandísimas que facturaban mogollón de millones y teníamos que leer las memorias de sostenibilidad del IBEX 35 y de la peña con GRI-A-Plus no-sé-qué. Y yo no dejaba de pensar en esto: ¿cómo consigo transferir –sigue siendo una respuesta que no tengo- la importancia que tiene una gestión de la RSE en relación a las pymes? Cuando te acercas a ellas te das cuenta que sí que hacen, de alguna manera, toda esa acción social participando en colectivos organizados desde las empresas del sector. Realmente hay una estructura en Galicia que tiene que ver con todo esto. La consideración de economía social y ese respeto por la participación está dentro del ADN de la mayoría de las empresas.

A alguno le va a parecer que la RSE es participar de la cofradía de pescadores porque no-sé-qué. Llevado a términos más técnicos: de alguna manera esa persona descubrió que a sus grupos de interés les parecía genial que su empresa estuviese aportando ahí y no poniendo pelas para un proyecto de cooperación internacional que ni me va ni me viene. Ahí está un poco el rollo. Yo creo que la dificultad está en eso, hay una serie de conceptos que son complejos de explicar pero que muchas de las empresas sí llevan tiempo aplicando. Habría que intentar paulatinamente acercar estos discursos siempre con un cierto grado de utilidad, porque creo que es un poco el problema de la RSE: comprometerse a desarrollar memorias de sostenibilidad en una empresa de dos persoans tiene sus limitaciones. El formato de desarrollo de las políticas de RSE que se conciben para las grandes empresas tiene que adaptarse: no vale para una pyme de cuatro porque no vas a tener una persona desde dentro haciendo eso.

Por otra parte, la comunicación de la RSE tiene que transformarse en algo más que vendo más si parezco más solidario, más verde, más… Claro, parece que lo que está llegando en muchos casos es la parte del márketing, el márketing social, pero es que no es eso tampoco. Pienso que es el gran reto de todo esto. Tiene que ver con que se facilite la aportación de valor mutuo entre las posibles causas que estas empresas puedan apoyar, pero que non sea a modo de beneficencia, sino que las entidades donde depositen su confianza reporten valor a las empresas. Esto es lo que todavía no se entiende: es un finánciame, un patrocíname, un apóyame, pero no hay un cruce de intereses. Muchas entidades no están consiguiendo reportar valor a las empresas y por lo tanto hay desconfianza en la medida en que éstas non saben exactamente para qué tienen que apoyar esa causa social. En ese diálogo, en esa aportación de valor es donde yo creo que está el problema, porque luego hay un montón de empresas que ves que hacen cosas mal orientadas donde la comunicación es mala. Es necesaria una labor de difusión como hacéis vosotros desde el blog, pero también una labor de concienciación y de impacto dentro de las propias empresas.

La RSE en las pequeñas y medianas empresas tiene que convertirse en una ventaja competitiva, tiene que ser realmente una fórmula para crear valor para la empresa y para la comunidad. Tiene que ser también una herramienta de transformación con la que vaya tirando una empresa de otra, como se hace en muchas de las políticas de calidad, que al final también va un pouco en la línea. Crear dinámicas de reconocimiento y de exigencia al resto de empresas.


* La próxima semana publicaremos la segunda parte de la entrevista con Diego Parajó, donde profundizaremos sobre la RSE y haremos especial hincapié en procesos creativos y design thinking.


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2 Responses

  1. Ha sido muy interesante conocer la trayectoria de Diego Parajó, cómo ha ido reinventando su proyecto con el tiempo, ajustándose a las circunstancias actuales. Les deseo mucha suerte y ya estoy deseando de leer la segunda parte sobre RSE!
    Un saludo!

  2. ROCIO dice:

    Muy interesante comprobar como distintas personas, en diferentes lugares y con vivencias diferentes dentro del Tercer Sector llegan, llegamos, a las mismas conclusiones. Refuerza posicionamientos 🙂 Mil gracias

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