INTERVIEWS

La Colaboradora: sector público + sector privado + Tercer sector

27 May , 2014  

Texto: Arturo Nicolás | Foto de portada: Nacho Bueno

Hay entrevistas y entrevistas. Algunas resultan mejores, otras peores. Más interesantes, menos interesantes, pero ésta, sin ningún atisbo de duda, es de las que más he disfrutado.

Hace ya meses que descubrí un proyecto llamado La Colaboradora y, aunque nunca tuve el placer de estar en su cuartel general en Zaragoza, es una iniciativa que sencillamente me fascina. Para conocer más sobre qué, cómo y por qué hacen lo que hacen, directamente se lo he preguntado a una de sus protagonistas, Pilar Balet, que además de consultora en Stone Soup Consulting, es conectora en el ya citado espacio de inteligencia colectiva, La Colaboradora

Antes de nada, contextualicemos: a pesar de guardar bastantes similutudes, el concepto coworking se queda corto para categorizar a este proyecto. Tampoco la idea de banco de tiempo abarca todo lo que significa La Colaboradora, aunque sí en parte. En definitiva, la única manera de conocer la dimensión real de este espacio innovador es tomando nota de todo lo que nos ha contado Pilar. Ojo, estamos ante un modelo que estoy seguro será imitado durante los próximos años a lo largo y ancho de nuestra geografía. Luego no digáis que no os avisé…


Arturo Nicolás: ¿Cómo, cuándo y por qué nació La Colaboradora?

Pilar Balet: Pues empezamos en mayo de 2013, La Colaboradora es un proyecto de ámbito público porque pertenece al ayuntamiento de Zaragoza, a través de un organismo que se llama Zaragoza Activa, que trabaja mucho la participación ciudadana. Hace poco más de un año sus responsables decidieron empezar un proyecto nuevo en el que se pudiera unir el sector público y sector privado con el sector social, todo para fomentar el que surgieran nuevas sinergias, no solo a nivel empresas sino también en sector social y sector público. Lo que queríamos es hacer lo que ahora se llaman lugares de inteligencia colectiva. Aunque suena muy ambicioso, realmente es eso, porque las personas que están dentro de la comunidad –empezamos 100 y ahora somos alrededor 200- pueden entrar en este espacio físico y virtual, simplemente enviando una solicitud explicando su proyecto profesional -pueden ser autónomos,  pueden ser alguna persona que está en fase semilla y todavía no es autónoma, pueden ser alguien que tiene otro trabajo pero quizás está empezando un proyecto alternativo que quiere que se convierta en su proyecto de vida, o simplemente alguien que tiene un proyecto a nivel de voluntariado y que quiere encontrar sinergias nuevas-.

Lo que se quería era sobre todo poder compartir conocimiento de profesionales que necesitan un cable en áreas concretas. Que en lugar de tener que contratar a alguien que ahora mismo no te puedes permitir, sobre todo si estás trabajando solo, que puedas contar con la ayuda de otra gente, por ejemplo si eres informático y necesitas un diseñador o un experto en temas de medioambiente, etc., que puedas encontrarlo allí y que su consejo no te cueste dinero.

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Pilar Balet, conectora en La Colaboradora y consultora en Stone Soup Consulting.

Una vez que se seleccionan los proyectos, la contraparte de estas personas que forman parte es que tienen que prestar un servicio de ocho horas al mes a la comunidad de colaboradores. Esto se puede traducir, por una parte, en horas de colaboraciones con compañeros, por ejemplo: yo soy periodista y he hecho asesoría de comunicación para gente que estaba empezando organizaciones o empresas nuevas y viceversa: yo también he tenido sesiones de coaching o cosas más especializadas que no están dentro de mi ámbito, y esto es a coste cero. Estas ocho horas se pueden devolver también a través de los equipos de trabajo que tenemos en la comunidad: comunicación, banco de tiempo, Reto Social, back office, etc., hay como ocho o nueve diferentes. Tú puedes perternecer a estos grupos de trabajo para co-gestionar entre todos la comunidad.

Las reglas de La Colaboradora no están establecidas de antemano. Se pusieron una serie de puntos básicos desde los que comenzar, pero que están en continua evolución, porque somos los de la comunidad los que estamos evolucionando diariamente con el proyecto. Inicialmente se pensó que serían ocho horas al mes y ahora se está haciendo una evaluación, un año después, de lo que ha ocurrido en La Colaboradora, de la gente, del control de horas si se ha cumplido o no, para poder estudiar la posibilidad de reducir, aumentar, de darle una vuelta al tema de las horas del banco de tiempo. Por eso te digo que cada equipo de trabajo se dedica a evolucionar en un aspecto concreto del proyecto y que no está controlado por nadie.

A.N.: Por lo que dices, parece que el funcionamiento es esencialmente asambleario. Que no está dirigido, vaya.

P.B.: Bueno, tenemos una asamblea general aproximadamente cada tres-cuatro meses en la que ponemos en común todo lo que está ocurriendo, pero sí que es cierto que hay una junta gestora –de la que yo soy miembro-, en la que estamos seis conectores. Cada uno especializado en un área distinta: yo soy conectora de comunicación, hay otra conectora de nuevos proyectos, una conectora de formación, un conector de back office –quien lleva temas administrativos-, una conectora de redes sociales y una conectora de dinamización. Lo hacemos de manera voluntaria, al entrar a formar parte de la junta nos comprometimos a llevar a cabo el proyecto y dedicar mucho más tiempo del que deberíamos inicialmente por formar parte de la comunidad.

Además de estos seis conectores está también el coordinador del proyecto, que es el técnico municipal, el único que hay en todo el proyecto. Es quien está permanentemente allí y está viendo un poco cuáles son las necesidades de la comunidad y hacia dónde vamos.

Somos muy transparentes porque al fin y al cabo los de la junta somos un miembro más de la comunidad y no estamos remunerados. Empezamos con una remuneración mínima, que era más que nada algo simbólico, y a partir del mes de abril ya dejó de haber remuneración: los recortes. Pero era algo muy simbólico, muy poquito dinero en comparación con el tiempo que le dedicamos.

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Uno de los participantes interviniendo en una de las asambleas de La Colaboradora. Foto: Nacho Bueno

¿Es asambleario? Sí, no solo desde el punto de vista de que se crean asambleas generales, sino porque al final, si tú te quieres enterar de lo que está ocurriendo, formas parte de los equipos de trabajo y te vas enterar y vas a poder decidir lo que se va a hacer. Pero sí es cierto que, para poder llevar a cabo determinadas cosas y poder avanzar -porque todos sabemos cuáles los pros y los contras de las asambleas y uno de los contras es que es difícil avanzar de una manera ligera-, tenemos esa junta gestora. En ella lo que hacemos es analizar qué es lo que ocurre en las asambleas, palpar e intuir cuáles son las necesidades de la comunidad, trasladarlas a las juntas que hacemos cada dos semanas aproximadamente y tomar decisiones. Por ejemplo, ha habido grupos de trabajo como el Reto Social en el que no se llegaba a conclusiones porque había opiniones muy diferentes. En este grupo digamos que cada uno tiene una determinada manera de entender un determinado tema, por ejemplo las horas del banco de tiempo: hay gente que dice que ocho horas son muchas, hay gente que dice que es lo que debería ser, hay gente que dice que se tendrían que devolver de otra manera, pero luego al final, a no ser que haya una mayoría que defienda una única opción, es muy difícil tomar decisiones. Entonces se traslada a la junta todo lo que ha ocurrido en las reuniones de este equipo de trabajo, y ésta es la que al final termina decidiendo en función de los recursos que disponemos, del tiempo, etcétera.

A. N.: En todo este tiempo seguro que habéis encontrado dificultades a lo largo del proceso de implementación y consolidación de este espacio de inteligencia colectiva…

P.B.: La verdad es que hemos encontrado muchas y pocas. Personalmente, la verdad es que pensaba que iba a ser más complicado. Pensaba que iba a ser más restrictivo, que no íbamos a tener la libertad que realmente tenemos en la gestión del proyecto. Digamos que, aunque estamos en el paraguas de la administración pública, sí que es cierto que Zaragoza Activa, como paraguas ya más cercano al proyecto de La Colaboradora, está teniendo muchos cambios y digamos que sí que dependen directamente de los presupuestos del ayuntamiento. Nosotros, al tener un presupuesto mínimo y ser una comunidad muy viva y muy dinámica, digamos que vamos un poco por libre. Y eso es gracias también en parte a los responsables de Zaragoza Activa, que son los que crearon el proyecto y entienden perfectamente que esto debe ser así: tiene que ser una comunidad que vaya por libre y que no esté limitada a los problemas actuales de la administración pública.

Entonces, hasta cierto punto ha habido más libertad de la que pensábamos, pero sí que es cierto que seguimos dependiendo de la administración pública. Vamos un poco improvisando en función de los cambios que están ocurriendo y de las restricciones y bueno, lo que está pasando en todas partes. Eso sería quizás una de las dificultades. Luego el resto, la verdad es que no te podría decir qué dificultades hay, porque es un proyecto que desde un principio sabíamos que iba a ser complejo.

También inicialmente establecimos unas pautas, por ejemplo que seríamos 100 colaboradores. Pensamos que el espacio físico se iba a utilizar más de lo que se utiliza y por eso restringimos el número de personas  que iban a entrar. Al cabo de una serie de meses nos dimos cuenta de que la gente utilizaba el espacio de una manera distinta a la que nosotros habíamos previsto, entonces ampliamos a 200 el número de personas que podían entrar en la comunidad.

(Pilar se toma un momento para pensar)

No te podría decir ninguna dificultad en concreto. Cuando tú entras sabes que vas a hacer voluntariado entre comillas, no puedes decir que sea una dificultad. Y así como hay 200 personas, obviamente no todo el mundo es muy activo, yo te diría que el 40% somos muy activos, es cierto que hay veces que es difícil movilizar al otro 60%, eso sí es verdad. Pero es como en cualquier sitio donde haya algo de participación, ¿no?

A.N.: …pues efectivamente, tal cual. Háblame del día a día de La Colaboradora. ¿Cómo es una jornada habitual?

P.B.: Pues mira, abrimos de 09:00 a 21:00 horas. Si trabajas dentro de La Colaboradora puedes entrar, puedes utilizar las instalaciones, tienes tu wifi, todas tus historias y demás. A media mañana puedes subir a tomarte un café, etc., tenemos tres plantas: la primera y segunda planta son de trabajo y la tercera planta es de dinamización. Por ejemplo, todos los jueves a las diez de la mañana hacemos el Desayuno con Diamantes, que consiste en juntarte con el resto de la comunidad que quiera pasar por allí y se habla de temas que no tienen que ver con el trabajo, suelen ser más cosas que afectan a la comunidad. Por ejemplo, hace poco hicimos una serie de normas de convivencia. Es decir, se van presentando temas que los que participan en el desayuno quieren hablar y se comentan, cosas que mejorar, etcétera, además en un espacio distendido.

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Una vez al mes, los miembros de La Colaboradora que lo desean se reúnen para compartir comidas en comunidad. Foto: Nacho Bueno

Después de eso pues puedes tener una coformación. Inicialmente no pensamos que éstas fueran a ser tan importantes y se han convertido en uno de los pilares fundamentales de La Colaboradora. Una de las maneras en las que tú puedes devolver tus horas al banco del tiempo es a través de  dar pequeñas formaciones especializadas en tu área profesional al resto de la comunidad. La semana pasada por ejemplo hubo una coformación de fotografía y la estuvo impartiendo un chico que se llama Nacho Bueno, que a mí me gusta mucho -es muy buen fotógrafo-, que además ha trabajado mucho con La Colaboradora ilustrando muchas de las actividades que hemos hecho. Estuvo impartiendo una formación de fotografía básica para los colaboradores que estuvieron interesados. Estas coformaciones suelen durar en torno a una hora/hora y media y suelen ser píldoras muy muy prácticas de un área concreta. De hecho, hoy es la coformación número 50. Se han hecho desde temas medioambientales, de comunicación, de comercio virtual, de todo. Lo bueno es eso, que son de una hora y media y muy prácticas.

A.N.: ¿Han salido proyectos concretos durante este año de vida de La Colaboradora? ¿Cuáles han llamado más tu atención?

P.B.: Pues no te podría decir todos los que han salido, la gente de banco de tiempo son los que controlan todo eso. Pero desde proyectos de formación, yo por ejemplo con una compañera impartí un curso de formación -externo a La Colaboradora- de tres sesiones sobre temas de comunicación para ONGs. Yo hacía más el tema de comunicación y ella el de diseño gráfico.

Aparte de los colaboradores tenemos siete u ocho embajadores, que son gente que ya está reconocida profesionalmente y que imparte conocimientos sobre áreas concretas al resto de colaboradores. Hubo un proyecto muy interesante que se hizo el año pasado que fue una app. La desarrollaron una chica diseñadora gráfica junto a un programador para una de las embajadoras.

Ahora por ejemplo se está creando un equipo de cuatro personas para hacer una empresa de gastromarketing. Van surgiendo muchas muchas colaboraciones, pero no sabría decirte porque no soy la que controla eso.

A.N.: …bueno, van saliendo cosillas ¿eh?

P.B.: Sí, van saliendo muchas cosas. Sobre todo lo que hacemos mucho es potenciar áreas muy concretas, ¿sabes? El hecho de que alguien necesite que le echen un cable con una cosa puntual y que siempre haya alguien dispuesto a ayudar.

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Plena reunión del grupo de trabajo de banco del tiempo de La Colaboradora durante el pasado mes de febrero. Foto: Nacho Bueno

A.N.: Hablemos ahora de Disco Sopa Zaragoza, un proyecto que según tengo entendido estuvo enmarcado dentro del Reto Social.

P.B.: Exacto. Una de las cosas que inicialmente se quería hacer con La Colaboradora, intentando unir el aspecto público y privado y el Sector Social, era que toda esta inteligencia colectiva, este conocimiento, estas ganas de mejorar y avanzar, no se quedasen solamente en la comunidad de La Colaboradora, sino que saliesen fuera. Por eso se creó el Reto Social.

Inicialmente se concibió para era echar un cable a iniciativas u ONGs que ya estaban funcionando en la ciudad y que necesitaban un empujón para algún aspecto concreto. ¿Qué pasa? Pues como todo, se puso en común en la asamblea y al final hubo disparidad de opiniones. Se creó un grupo de trabajo específico para el Reto Social y, tras tres o cuatro sesiones intensas, no se llegó a ninguna conclusión. Había gente que quería hacer algo más asistencial, gente que quería hacer temas más de activismo, otros que querían hacer acompañamiento a ONGs, gente que quería hacer más temas de formación. Era muy complicado porque no se podía llegar a un acuerdo. Además ningún reto de los que se proponían era mejor que otro, no se podían valorar porque al final todos son retos sociales que hay que llevar a cabo.

Entonces al final la junta cogió toda la información de esas sesiones y ahí se decidió lo que íbamos a hacer. La propuesta que surgió finalmente fue que cualquier persona de la comunidad que estuviese interesada en desarrollar un Reto Social podría ponerlo en común con el resto de la comunidad rellenando una solicitud en la que explicase en qué consistía el reto, qué necesidades profesionales y qué recursos humanos necesitaba para llevarlo a cabo, el plazo de tiempo y cuántas horas necesitaba de cada una de las personas. Concretando todo mucho, porque además por experiencia sabemos que los Retos Sociales tienen que ser algo puntual y desarrollado de manera breve en el tiempo. Pusimos un máximo de tres meses. Cada Reto Social puede durar un máximo de tres meses por diferentes razones: es muy difícil que haciendo voluntariado algo se prolongue en el tiempo, porque la gente se desconecta de la acción y porque al final esto es algo que se hace de manera complementaria a tu proyecto. O es algo muy intenso que se desarrolla durante un tiempo determinado o al final no conseguimos el compromiso de la gente. Eso por un lado, luego sobre todo porque queríamos que hubiera capacidad para hacer más retos, no solo uno.

Al final se comentó eso, que se iba a hacer de esa manera, a todo el mundo le pareció bien. Con respeto a Disco Sopa, nosotros con la plataforma Feeding Zgz ya habíamos hecho previamente los desayunos aquí en La Colaboradora, había venido gente a hablar de la plataforma, de cómo poder consumir de una manera más responsable, etc., entonces surgió la posibilidad de hacer este evento que en Zaragoza no se había realizado todavía y nos pareció súper interesante. Nico, que es uno de los colaboradores que digamos que era el enlace con Feeding, fue uno de los que trajo la plataforma a La Colaboradora y se presentó como coordinador del evento –esto es importante: la junta no va a asumir la coordinación de cada Reto Social, sino que lo va a hacer el colaborador que lo propone-.

Era un reto súper ambicioso, sobre todo para ser el primero, porque necesitábamos –lo verás en la web– en torno a 18-20 voluntarios colaboradores de cuatro sectores muy concretos: gente de producción de eventos, de comunicación, de fotografía, diseñadores gráficos para cartelería, etcétera. La verdad es que fue bastante bien porque aparecieron 24 voluntarios de diferentes ámbitos,  así que estamos muy contentos con el resultado.

A.N.: ¿Hasta el momento qué Retos Sociales se han llevado a cabo, además de Disco Sopa Zaragoza?

P.B.: Éste ha sido el primero y ahora se están contemplando otros más, lo que pasa es que de todo se aprende. De éste hemos aprendido, nos tenemos que reunir la junta para analizar pros y contras, qué mejorar, pero vamos, ahora tenemos varios retos sobre la mesa que deberíamos sentarnos y concretar.

A.N.: Oye, ¿habéis visto algún modelo parecido a La Colaboradora en algún otro lugar?

P.B.: No, y la verdad es que nos ha sorprendido. Inicialmente no lo hicimos como algo que fuera diferente, sino como una necesidad que creíamos que era natural, que nosotros vivimos en una sociedad en la que lo público, lo privado y lo social se mezclan continuamente, sales a la calle y no vives en una parte concreta, sino que todo está mezclado. En cambio, a nivel profesional son tres sectores que es muy difícil que se mezclen.  Lo que se quiso hacer fue unir las tres patas, intentar innovar y mejorarlas. Yo creo que se está consiguiendo a todos los niveles. A nivel de administración pública es un proyecto que creemos que nadie tiene parecido; a nivel privado es muy innovador porque compartir este conocimiento para crear nuevos proyectos empresariales es algo que no se está haciendo de manera gratuita, hay otros formatos -por ejemplo los Hubs-  en otros sitios de coworking en los que se puede llegar a esto, pero siempre hay dinero de por medio, siempre hay una tarifa, es distinto. Y luego en el mundo social yo no conozco proyectos de este tipo que surjan de la iniciativa pública a través de personas de índole privada que desarrollen proyectos sociales. Me parece que es una mezcla que no hay ahora.

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Pilar Balet, participando de manera activa en una de las asambleas de La Colaboradora. Foto: Nacho Bueno.

Nosotros hacemos todo súper transparente: las actas de las asambleas están en el blog, intentamos que toda la información que generamos salga afuera porque queremos que sea un modelo y un proyecto que se pueda replicar. La Colaboradora no es algo que queramos guardar para nosotros y que se quede aquí en Zaragoza, sino que queremos que salga afuera y que la gente, en la medida de lo posible, pueda replicarlo. De hecho, hemos tenido un montón de visitas este último año de instituciones o de gente que ha venido de fuera de Zaragoza, incluso también a nivel internacional, que han estado aquí y que les ha gustado un montón la idea y quieren replicarla de alguna manera. Nosotros encantados, vaya.

A.N.: ¿El local en el que estáis ubicados es de titularidad pública, verdad?

P.B.: Exacto, sí. Es Zaragoza Activa, es la antigua azucarera de Zaragoza y de hecho te diré como anécdota que La Colaboradora está puesto en el antiguo cuarto de calderas.

A.N.: ¡Qué bueno!

P.B.: Es un espacio que está interconectado. Aunque son tres plantas distintas digamos que tiene un agujero en medio y puedes ver lo que está ocurriendo en otras plantas.

A.N.: …de hecho me ha dicho un pajarito que a veces hacéis playlists compartidas de Spotify y escucháis la música de otras plantas del edificio.

P.B.: (risas) Sí, ésa por ejemplo fue una de las cosas que tuvimos que hacer de manera asamblearia, porque había gente que quería trabajar con música y gente que no. Se sometió a votación en la última asamblea y salió que sí que se quería poner música. Por eso te digo que aquí esto todo va…

A.N.: Pilar, una pregunta ya un poco a nivel personal: ¿qué te motiva, qué te engancha de La Colaboradora para dedicarle tantas horas de tu tiempo libre?

P.B.: Pues a mí lo que más me gusta es lo que te decía, el poder trabajar en los tres sectores de manera simultánea y ver que surgen cosas nuevas, que hay otra manera de hacer las cosas. Y sobre todo me encanta el compromiso de la gente, de las personas que estamos dentro de La Colaboradora. Es un compromiso compartido por todos, no me siento como que yo sea la única que está dedicando todo este tiempo, si no que hay compañeras y compañeros que se están desviviendo por el proyecto. Eso me gusta, que sea un proyecto compartido y de verdad co-gestionado. Yo he participado en otros proyectos de participación ciudadana y éste es uno en los que sí he sentido que realmente estamos haciendo algo entre todos, de una manera ordenada y que avanza.

A.N.: …precisamente eso te iba a comentar. Yo soy trabajador social y, siendo realistas: proyectos que en el papel sean asamblearios, cooperativos, que crean en el concepto de comunidad hay muchísimos, pero ver proyectos que realmente están funcionando y yendo para arriba como La Colaboradora… Eso ya es más difícil.

P.B.: Exacto. Lo que pasa es eso, que al final estamos a merced de las instituciones públicas. Ése es nuestro mayor reto, el poder continuar. De hecho estamos valorando otras alternativas en caso de que un día decidieran cambiar las cosas, cómo poder continuar con el proyecto fuera. Claro, ése es un proyecto enorme porque cambiarían muchas cosas. Pero bueno, me gusta seguir avanzando, por eso creo que también una de las cosas que me gustan mucho es el hecho de que sea un reto enorme, el poder prever cosas y ser capaz de continuar con el proyecto más allá de lo que otros nos impongan a nosotros, tener esa independencia para poder decidir y hacer.


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