INTERVIEWS

Laboratorio para la ciudad: provocando a México, D.F.

14 Ene , 2015  

Texto: Arturo Nicolás | Fotografías: Laboratorio para la ciudad

Los desafíos que nos plantean los tiempos que vivimos exigen soluciones disruptivas. Y liderazgo, naturalmente.

Encontramos estas dos variables en un proyecto apasionante que asoma la cabeza en uno de los principales núcleos de población de América: la iniciativa lleva por nombre Laboratorio para la ciudad [en adelante LabCDMX] y  desde 2013 es el área experimental del Gobierno de la Ciudad de México.

Estamos ante una entidad pública que reinventa la capacidad de diálogo entre gobierno, sociedad civil, iniciativa privada y organizaciones no gubernamentales con un objetivo claro: solucionar problemas de manera cooperativa y explorar las posibilidades que propone México D.F. para incrementar el bienestar de sus habitantes.

Para conocer con mayor precisión esta aventura llamada LabCDMX hemos tenido el placer de platicar con Mario Ballesteros, su director de comunicación estratégica. Con él repasamos los cimientos del proyecto, sus peculiaridades, su modo de respirar, su manera de entender la relación entre gobierno y ciudadanía y los sueños que alimentan todo el trabajo de redefinición de las ciudades que están llevando a cabo.

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Mario Ballesteros, director de comunicación estratégica del LabCDMX

Arturo Nicolás: En febrero de 2013 se anuncia la creación del LabCDMX y en junio empieza oficialmente a funcionar. ¿Cómo se gesta el proyecto? ¿Qué pasos previos fueron necesarios?

Mario Ballesteros.: En realidad el arranque del trabajo como tal vino después de mucho tiempo de trabajo detrás de cámaras. Oficialmente el LabCDMX se crea en febrero de 2013 e incluso esa fecha venía después de más o menos un año de trabajo intensivo por parte de Gabriella Gómez-Mont -fundadora y directora- y de Clorinda Rombo -directora de planeación y proyectos creativos-. Ellas dos básicamente estuvieron trabajando juntas casi un año previo al arranque del LabCDMX, imaginando, diseñando, planeando lo que tenía que ser la oficina.

La idea del Laboratorio nace a partir de una petición del alcalde, de Miguel Ángel Mancera. Tanto Clora como Gabriella habían estado involucradas antes en proyectos que tenían que ver con muchas de las cosas que seguimos explorando en el LabCDMX -proyectos de creatividad e innovación-, entonces de alguna manera venían ya de ese mundo.

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Gabriella Gómez – Mont, fundadora y directora del LabCDMX

El acercamiento con el alcalde Mancera fue previo a su elección. Gabriella y Clora trabajaron juntas armando un TEDx aquí en la Ciudad de México, y lo invitaron como candidato todavía y él quedó gratamente impresionado de toda la gente que estuvo involucrada en ese evento. Después se le acercó a Gabriella con la propuesta de integrar de alguna manera ese tipo de perspectiva, de creatividad, de frescura, al gobierno de la ciudad una vez que fuese elegido.

Es una historia que viene de atrás, aunque llevamos relativamente poco tiempo funcionando ya en forma y el equipo completo.

A.N.: ¿A la hora de concebir el proyecto habéis encontrado inspiración en otras iniciativas similares?  

M.B.: Claro, gran parte del trabajo inicial fue justamente hacer un diagnóstico y buscar fuera referentes que pudiesen ser útiles. Había ya un acercamiento importante por ejemplo con la oficina de innovación de Boston, que se llama Boston New Urban Mechanics. De hecho, justo con ellos arrancamos la colaboración con Code for America para el programa de Código para la Ciudad de México -CódigoCDMX-, que fue nuestro primer proyecto.

Había también referencias importantes en San Francisco, estábamos familiarizados con el trabajo del Helsinki Design Lab, Mindlab, Nesta, etc., varios referentes que ahora son muy conocidos pero con los que nosotros teníamos ya algún tipo de acercamiento o de interés con el trabajo que estaban haciendo. Esto nos sirvió para empezar a trazar un camino pero también para tener conciencia de por qué y cómo teníamos que ser diferentes nosotros. La sensación era que la mayor parte de estas iniciativas se habían creado en ciudades desarrolladas y ricas y que lo que tendría que ser un laboratorio de creatividad e innovación en una ciudad como la nuestra tendría que ser necesariamente distinto.

Sí nos hemos inspirado y hemos colaborado con muchos otros laboratorios de innovación, pero también nos ha ayudado a entender cómo teníamos que marcar nuestra distancia y cómo teníamos que pensar de una manera distinta en un contexto que es francamente muy diferente al de la mayoría de estas iniciativas.

A.N.: Nombrabas hace un momento CódigoCDMX, la experiencia con Code for America: ¿Cómo surgió y en qué consistió esa colaboración?

M.B.: De nuevo fue un acercamiento que se dio a partir de la relación con New Urban Mechanics. Ellos nos conectaron con la gente de Code, que estaban buscando ya a tres socios internacionales para hacer una especie de prueba piloto de su programa de fellowships, pero en contextos internacionales, distintos a los de ellos.

Nosotros fuimos uno de esos primeros tres socios: se hizo un experimento a escala nacional, que fue el de Code for Germany; uno a escala regional, Code for the Caribbean; y nosotros fuimos el experimento a nivel ciudad, que en ese sentido era más parecido al programa que tenían ellos. La gran diferencia es que nosotros éramos un socio de gobierno, dentro de gobierno. Ellos están muy acostumbrados a colaborar con gobierno, pero la iniciativa y la gestión y el desarrollo del proyecto se hace desde fuera. Entonces, ya ahí nosotros éramos como un poco bicho raro en el programa.

La verdad, para nosotros fue una experiencia de formación muy importante porque arrancamos con la convocatoria para CódigoCDMX prácticamente a dos o tres semanas de haber empezado a trabajar juntos como equipo, sin tener ninguna idea o sensación de cómo iba a ser la respuesta a la convocatoria. Nadie nos conocía, no teníamos ningún tipo de recursos vastos de comunicación ni de convocatoria, y la verdad es que fue como la primera grata sorpresa que nos llevamos al ver la respuesta a ese programa.

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Participantes del CódigoCDMX, primer gran evento organizado por el LabCDMX.

Básicamente lanzamos una convocatoria abierta a través de redes, buscando colocar a cinco programadores en cinco dependencias u oficinas del gobierno del Distrito Federal. Tuvimos más de 200 inscritos, que fue la verdad sorprendente, porque no sabíamos ni siquiera si había una comunidad, ya déjate de programadores cívicos -que es lo que busca Code for America-, sino de programadores. De hecho, el porcentaje de participación respecto a los lugares disponibles fue todavía más competitivo que Code for America en su cuarto año, ellos también están como bastante sorprendidos.

Hicimos un proceso de selección bastante exhaustivo y estos chicos estuvieron trabajando nueve meses dentro de las dependencias, pero no sólo desarrollando apps -que es lo que hacen en USA-. Nos dimos cuenta de que aquí de nuevo había que partir desde todavía antes, empezar a encontrar datos relevantes, empezar a rascar y preparar esos datos para que pudieran servir de materia prima para las aplicaciones.

Fue una experiencia bastante interesante y enriquecedora, fue nuestro primer ejercicio de músculo de convocatoria y de colaboración con la ciudadanía. Eso ha marcado la tónica de todo lo que hemos hecho en el LabCDMX hasta ahora: tanto las convocatorias abiertas como el buscar esta interacción con la ciudadanía y el pensar en el gobierno como un foro donde puede haber una participación y un interés de la ciudadanía por contribuir a la solución de sus problemas y encontrar oportunidades. En ese sentido fue una experiencia muy importante para nosotros en el arranque del LabCDMX.

A.N.: Antes mencionabas que una de las características que os diferencian con respecto a otras organizaciones análogas es que sois una entidad que opera desde el gobierno. De hecho, en vuestra web afirmáis que “los gobiernos (…), si quieren ser innovadores, (…) necesitan poder cuestionar, experimentar y arriesgarse, inclusive fallar y reimaginar posibilidades a través de esas fallas y los aciertos que se vayan acumulando”. Esto en sí es revolucionario. Trabajar desde el gobierno en una iniciativa así también es pura innovación. ¿Qué facilidades y/o dificultades supone el hecho de operar desde una institución pública en un campo como éste?

M.B.: Para la mayoría del equipo yo creo que ha sido en ese sentido una experiencia muy reveladora e inesperada. Gabriela muchas veces dice que el primer experimento del LabCDMX es la creación del LabCDMX mismo. Y es cierto, la mayoría de nosotros -somos más o menos 20 personas trabajando, gente muy joven, a mis 35 años yo soy de los viejos [risas]- sin ningún tipo de experiencia previa dentro de gobierno, entonces sí ha sido como entrar en un mundo diferente, pero también el ver cómo que el gobierno en la ciudad se ha dado la oportunidad de crear un espacio de este tipo, a una escala obviamente muy chiquita -si comparas nuestra oficina con otras oficinas de gobierno no somos nada, prácticamente [risas]- pero, como dices tú, casi con carta blanca para realmente probar y hacer cosas que de otra forma sería imposible; si se hiciese desde otra dependencia más grande o con otro tipo de responsabilidades esta cosa de probar o de repensar el cómo se hacen las cosas sería muy difícil.

En ese sentido tenemos mucha conciencia de que la escala del LabCDMX y justo el ser pequeños y estar en los márgenes de las cuestiones es una fortaleza para nosotros. Nos permite trabajar en la forma que pensamos que es la adecuada: la del prototipo urbano, experimentos a pequeña escala que después, si son exitosos, nuestra intención es que se propaguen a otras dependencias y a otras oficinas de gobierno y eso escale.

A.N.: Me llama mucho la atención vuestro lenguaje: utilizáis muchísimo el verbo detonar y la palabra provocación. Me encanta y estoy seguro de que es algo intencionado…

M.B.: Todo el trabajo con el lenguaje ha sido también muy importante y muy consciente desde el principio. Es parte de lo que marca también la diferencia en la perspectiva del LabCDMX, nosotros no queríamos que se nos identificara -como muchas veces pasó desde el principio y nos sigue pasando de vez en cuando- con cuestiones únicamente de innovación tecnológica o como algo que o se importa y se copia de otras partes y se inserta en un contexto que no es necesariamente el adecuado.

También simplemente por el perfil de la gente que trabaja en el LabCDMX y el perfil de Gabriella en particular, siempre ha habido esta conciencia de que el lenguaje tenía que ser distinto: teníamos que apropiarnos de ciertos conceptos y darles la vuelta y pensar en formas distintas de lo que significa ser emprendedor, o gobierno abierto, o datos abiertos, o incluso ir en contra de esta idea de las smart cities y pensar en innovación en otro sentido. Todo este trabajo también es parte del mismo experimento de hacer un laboratorio de innovación con estas características.

Sí nos gusta también ser a veces un poco juguetones. Esto de las provocaciones básicamente es decir que nosotros quizás más que objetivos súper claros y firmes o mission statement en un período concreto, nos gustaba esta idea de algo que nos permitiese enmarcar, englobar, tener una dirección de cosas que son importantes, pero también que nos permitiera ser flexibles y decir quizás esta es una pregunta adecuada, quizás hay que cambiarla, quizás hay que aparcarla un ratito y esperar a que sea más relevante. Nos pareció que ésta podía ser una forma de trabajar, de decir que sí tenemos prioridades, sí hay una visión que engloba todo lo que hacemos -a veces con la cantidad de cosas en las que estamos involucrados y la cantidad de proyectos que tenemos puede haber sensación de dispersión o fragmentación-.

Las provocaciones justamente son preguntas que tienen ya, de alguna forma, una semilla de hacer. No sólo es una cuestión filosófica o metafísica, sino que apuntan a acciones específicas. Justo ahora, a año y cachito de haber arrancado, estamos trabajando en nuestro primer anuario, que vamos a publicar como el año I del LabCDMX, toda esta cuestión de aterrizar, refinar y entender muy bien el peso de los experimentos y de las provocaciones creoque va a quedar mucho más claro quizás de los que está orientado en la web. Es un proyecto que está ya en curso y esperamos publicarlo en digital e impreso en el primer trimestre de 2015.

A.N.: Otro de los apartados que me gusta mucho del LabCDMX es el de residencias internacionales. ¿En qué consiste? ¿Cómo se financia? ¿Cómo funciona?

M.B.: El programa de residencias es parte de esta actitud muy marcada del laboratorio de decir sí nos interesa tener esta visión peculiar, particular y local desde lo que nosotros conocemos, pero también nos interesan estas visiones de fuera acerca de la Ciudad de México. Para nosotros es muy enriquecedor tener a alguien de fuera, que viene y quizás tiene un enfoque completamente distinto al que tenemos nosotros como gente que vivimos en la ciudad todos los días y que hay cosas que se nos escapan y quizás no tenemos esa perspectiva.

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De izquierda a derecha: Gabriella Gómez-Mont -fundadora del LabCDMX- y Perry Chen -cofundador de Kickstarter-, en uno de los actos durante la residencia de éste en Ciudad de México.

El programa de residencias nació un poco con esta vocación de tener una visión distinta pero muy aterrizada y muy arraigada también en el día a día de la ciudad. Básicamente es un programa en donde viene gente de todo tipo de perfiles, han venido gente como Perry Chen -cofundador de Kickstarter-, que es emprendor pero con toda una inquietud artística y de formación de comunidades creativas. Tuvimos a Nicola Twilley, una chica que escribe que tiene un blog que se llama Edible Geography e investiga la relación entre comida y urbanismo. Su residencia fue de dos semanas y estuvo yendo durante dos semanas, todos los días a las tres de la mañana, a la Central de Abasto, el mercado más grande del mundo.

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Nicola Twilley en plena Central de Abasto, durante su residencia en Ciudad de México.

No es una agenda cerrada por nuestra parte. Nosotros los traeemos, ellos más o menos definen qué es lo que les interesa y nosotros vemos cómo podemos integrarlo a los proyectos y la agenda del LabCDMX. Es algo bastante orgánico que se va desarrollando una vez aterrizan aquí. Muchas veces no saben necesariamente cuál va a ser el entregable o cómo va a ser el producto. Por ejemplo, el proyecto de Nicola al final le llamó muchísimo la atención que las tortillas -no las españolas, sino las de tacos que comemos aquí [risas]- se envuelven en un papel, entonces la idea de ella fue publicar los resultados de su investigación en esos papeles y meter la investigación otra vez al mismo sistema de circulación que había observado. Entonces es como algo bastante abierto: lo que guía es el interés de trabajo de estas personas. También los contactos que se tengan: hay mucha relación con el exterior, con proyectos tanto académicos, como de investigación, innovación, fuera, la ambición y la intención es traer un poco de ese conocimiento y de esa visión también acá.

A.N.: Tengo entendido que tenéis en mente la segunda edición del #HackDF -el festival de datos de la Ciudad de México-, que ahora pasa a llamarse #HackCDMX. ¿Cómo están las cosas?

M.B.: En fuego [risas]. La primera edición de Hack fue nuestro primer proyecto ya en físico, masivo. Justo viene ahora la segunda edición los días 6, 7 y 8 de marzo, muy en relación con este eje de innovación cívica que tiene el LabCDMX y con ese enfoque más tecnológico.

El primer festival fue una prueba para ver qué se podía hacer, cuántas secretarías y cuántos datos se podían sumar. Básicamente es un hackaton, un maratón de programación pero trabajando con datos abiertos específicamente por distintas secretarías y distintos ministerios del gobierno de la ciudad, que después se suman a esta base de datos abiertos del Gobierno del Distrito Federal.

Se celebra durante un fin de semana y el año pasado tuvimos 500 lugares que se agotaron en seis o siete días quedando 200 personas en lista de espera. Ahorita estamos siendo más ambiciosos, esntonces vamos a ver cuántos nos llegan este año. Pero también somos muy conscientes de toda la crítica que hay detrás de los hackatones, de este escepticismo en torno a la noción de datos abiertos desde el punto de vista de los hackatones. Ya desde la primera edición, además del reto de programación -el app challenge: trabajar con datos abiertos para desarrollar aplicaciones web o móvil-, tuvimos seis o siete talleres, desde un taller de periodismo de datos, por ejemplo, trabajando con la misma materia prima que estaban trabajando los programadores, pero abriendo posibilidades para periodistas. Tuvimos un taller de cartografía, otro incluso de diseño especulativo, de proyección al futuro.

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La próxima edición de #HackCDMX se celebrará durante los días 6, 7 y 8 de marzo.

Queríamos que el Hack se entiendera como algo más que un hackaton y este año va a ser mucho más patente. Además del app challenge tendremos un reto de resolución de problemas que tienen las dependencias: vamos a trabajar con cinco secretarías que tienen ya un reto específico y que van a integrar el trabajo que se haga en el hackaton a resolver estos problemas.

Vamos a tener también un reto de hardware. Nos interesa mucho el llevar este conocimiento y este trabajo a lo físico. Tuvimos la primera maker faire que fue HacedoresCDMX hace algunas semanas y queremos seguir trabajando este tema más de hardware, de lo físico, de hackeo de infraestructuras urbanas.

Vamos a tener uno para diseñadores, un reto de visualización de datos, además de los talleres que vamos a repetir.

De nuevo, esto son oportunidades para nosotros: más que pensar en el evento como tal, pensamos en cómo podemos empezar a probar cosas sobre terreno con esa energía tan peculiar que se junta en este tipo de convocatorias masivas, abiertas, y en donde tienes una participación de muchos perfiles.

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HacedoresCDMX fue el primer evento para makers organizado por el LabCDMX en el Distrito Federal.

A.N.: ¿En qué medida crees que la apertura de datos está cambiando la forma de entender las ciudades? 

M.B.: Yo creo que para nosotros la clave ha estado en involucrar a gente que de otra forma jamás se involucraría con el gobierno. La clave está en el trabajo conjunto, creemos que no se puede ni cambiar ni construir ciudad sólo de arriba a abajo -desde el gobierno- y creemos que es muy difícil hacerlo sólo desde abajo a arriba, desde iniciativas ciudadanas, si no encuentran un espacio. Para nosotros la clave está en esa visión conjunta.

Va mucho más allá de nuestra manera de entender la participación, la responsabilidad de la ciudadanía, en donde una actitud como de demanda, de que tú tienes que proveerme este servicio porque yo pago mis impuestos y merezco que las cosas se resuelvan de esta forma. Nosotros en cambio creemos que tiene que haber un aporte no sólo de involucración sino también pensar e imaginar posibilidades.

La participación de la ciudadanía es un recurso subutilizado que tenemos en las ciudades. El gobierno tiene que entender su valor y encontrar la forma de canalizar esa participación, esas ideas, esa capacidad de crear que tiene la ciudadanía. Puede ser de una forma muy sofisticada, con un enfoque tecnológico como en el caso de Hack, pero puede ser también una forma a nivel de calle de preguntar y tener en consideración la opinión de los vecinos cuando se está llevando a cabo un proyecto de regeneración urbana. O por ejemplo, en muchos de los proyectos que hemos lanzado hemos tenido participación de niños y niñas. Justo este año también vamos a lanzar un proyecto que se llama Ciudad Lúdica, que también busca integrar la inteligencia y creatividad de los más pequeños en favor de la ciudad. Es un cambio cultural, al final. Creemos que es indispensable.

A.N.: Imagino que habréis recibido críticas durante vuestra andadura. ¿Se te viene alguna destacable a la mente?

M.B.: Constantemente. Cuando haces las cosas distintas siempre hay escepticismo, siempre hay críticas, personas que no necesariamente entienden ni quieren entender lo que estamos tratando de hacer. Lo que pasa es que somos tan cambiantes, la verdad es que vamos a un ritmo bastante frenético, hicimos lo del hackaton y empezaron a criticarnos “como apps en una ciudad donde la mitad de la gente no tiene acceso a internet?”, “por qué apps para smartphones cuando hay problemas mucho más urgentes?”, pero la verdad es que nosotros para cuando estábamos llevando Hack a cabo ya teníamos en puerta el próximo proyecto que no tenía nada que ver con tecnología digital, teníamos intención de empiujar la parte de creatividad urbana que tiene mucho más que ver con recursos de ingenio e inteligencia a nivel de calle. Una de las virtudes de esa variedad de intereses y enfoques del laboratorio es justamente que es muy difícil encapsularnos, etiquetarnos.

La verdad es que estamos conscientes de que esto va a tomar tiempo y probablemente los resultados de lo que estamos haciendo ahora no los veamos déjate de en los próximos meses, en los próximos años. Tenemos consciencia de que el impacto vendrá después, entonces no nos preocupamos demasiado [risas].

A.N.: ¿Qué factores de la Ciudad de México facilitan que un proyecto como el LabCDMX funcione?

M.B.: La ciudad es el punto de partida de todo: no sólo es el lugar donde desplegamos nuestros experimentos, sino que es la raíz de lo que hacemos. No sólo la vemos como el lugar donde tenemos que encontrar problemas para resolver, sino también el lugar donde están las soluciones y que nos tiene que inspirar.

Para nosotros ha sido muy importante desde el principio que el Lab tenga ese sello de que somos de la Ciudad de México. Se ve y se lee en cada uno de nuestros proyectos, hay algo que marca la diferencia de lo que podría ser un hackaton en Boston, o en Helsinki, a lo que es un hackaton aquí. O pues los experimentos que hemos hecho que tienen que ver con el contacto directo con la calle, el Artefacto Urbano por ejemplo, que es este objeto que se coloca en distintos espacios públicos para recopilar testimonios y perspectivas de la ciudadanía.

ARTEFACTO URBANO

Personas de todas las edades interactúan dentro de una estructura diseñada para el proyecto Artefacto Urbano.

En los temas que nos interesan, un ejemplo específico es el de Hacedores, que es como la forma en la que dialogamos nosotros con el movimiento maker, que es otra de las tendencias que está agarrando con mucha fuerza en otras partes. A nosotros nos interesaba entrarle al tema diciendo como que makers en México pues no van a contarnos [risas]. Es nuestra realidad, el día a día, y no en un sentido de hobbie o de trabajo extra, sino de supervivencia y del cómo funciona la ciudad misma. Desde entender la informalidad y el impacto y la innovación de ésta. Esto es un ejemplo del enfoque que queremos darle a nuestros proyectos, está muy presente.

A.N.: Hablemos del balance de la vida del LabCDMX y de planes de futuro: ¿cuáles son los objetivos a medio plazo?

M.B.: El primer año del LabCDMX fue mucho de tanteo, de no saber. A un año de distancia creo que hemos aprendido muchísimo acerca de nuestras fortalezas, de nuestras mismas capacidades, de qué interesa y qué quizás no interesa tanto. Yo creo que este año va a ser de refinar y consolidar iniciativas que ya hemos arrancamos el primero. Sí vendrán algunos proyectos nuevos, pero creo que lo que más nos interesa ahorita es afianzar lo que ya hemos probado que funciona. Creo que va a ser nuestro año de maduración express, porque en nuestros plazos ya seis meses son una vida. A mediano-corto plazo es lo que nos toca.

Haciendo como un balance del primer año, yo creo que lo más valioso que ha aportado el LabCDMX es justo crear este espacio donde se puede tener esta forma distinta de entender la función y el potencial de la colaboración entre gobierno y ciudadanía. No sólo en un contexto como el de la Ciudad de México -que ya es rarísimo-, sino en cualquier parte. La verdad es que sí ha sido de llamar la atención el interés que ha habido de fuera de gente que está involucrada en iniciativas parecidas: en Code for America hubo muchísimo interés en las peculiaridades de lo que hicimos nosotros aquí. O ustedes mismos que se acercan y dicen oye es interesantísimo esto, cómo funciona, de qué se trata. Se nos han acercado también de oficinas de gobierno en Brasil, en Chile, para entender un poco para entender cómo hemos hecho lo que estamos haciendo y tratar de replicar algo parecido en sus ciudades. La verdad es que nosotros somos los primeros sorprendidos con lo atractivo que ha sido lo que estamos haciendo.

Yo creo que lo más valioso, lo más rescatable, al menos para mí, es muy personal, es demostrar que sí hay una forma distinta de pensar en lo que puede ser el trabajo conjunto entre gobierno y ciudadanía para resolver los problemas.

LABORATORIO PARA LA CIUDAD


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One Response

  1. Dorado emi dice:

    Publiquen primero las apis para realizar bien el proyecto

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