OPINION,REPORTS

WWOOFing en Trinity Farm (Nottingham, UK)

15 Dic , 2014  

Texto y fotografías: Arturo Nicolás

Han sido veinticinco días muy intensos. El pasado 18 de noviembre me subía a un tren con destino a Nottingham para vivir una de las mejores experiencias de mi vida. Tras cuatro semanas trabajando para una granja a cambio de alojamiento y comida, anoche a las 02:00 am volvía a pisar Bristol, mi centro de operaciones desde que resido en UK.

De todo el maremágnum de sensaciones de esta etapa, una idea emerge por encima del resto: me fui en busca de algo extremo y lo he encontrado. Necesitaba respirar un poco de naturaleza en un entorno donde el dinero no fuese lo más importante. Ganar perspectiva. Conocer otras maneras de vivir.

Lo tengo muy claro: ha sido realmente excitante haber tenido la posibilidad de unirme durante este tiempo a Trinity Farm, sobre todo cuando su batalla actual es tan cruda como maravillosa: sobrevivir sin renunciar a los principios éticos en los que su equipo cree.

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¿Qué es el WWOOFing?

Concretamente es Albert Cañigueral quien me habla por primera vez de esta práctica en esta conversación sobre economía colaborativa que mantuvimos en mayo. La idea de la iniciativa es sencilla: si tú tienes una granja y sigues principios basados en la sostenibilidad y en la agricultura ecológica u orgánica, World Wide Opportunities On Organic Farms (WWOOF) te pone en contacto con personas interesadas en colaborar con tu causa aportando trabajo a cambio de alojamiento y comida.

Dentro del amplio marco de colaboración que propone esta institución, cada granja establece algunas condiciones, como la duración mínima de la estancia o el tipo de trabajo, que varía en función del tipo de organización y de la estación del año. En mi caso, al hacer el WWOOFing en pleno otoño, he realizado tareas enfocadas a preparar la granja de cara a primavera y verano, cuando el rendimiento de la tierra es total.

¿Por qué ahora?

La idea empieza a tomar forma cuando termino mis dos meses de prácticas en LoToNo, un proyecto en clave de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en Dorset y Hampshire. Me apetecía algo diferente antes de encarar un nuevo reto profesional. Muchas veces hablamos de lo fundamental que es la innovación en  las organizaciones, pero no siempre nos acordamos de hacerlo en nuestra esfera personal. Bien, he optado por experimentar esa disrupción en primera persona aprendiendo y entrenando nuevas habilidades.

A pesar de la evidente -y urgente- necesidad de obtener un empleo, he decidido tomar riesgos en busca de determinados intangibles. Posteriormente detallaré cuáles he encontrado y por qué los valoro tanto.

La vida en la granja

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He escogido Trinity Farm por varias razones:

  • Su apuesta por períodos de wwoofing largos: no aceptan estancias de menos de tres semanas.
  • Su capacidad para albergar a varios wwoofers al mismo tiempo.
  • Su apertura a personas que quieran mejorar su nivel de inglés, como es mi caso.
  • Su situación geográfica: el condado de Nottinghamshire, uno de los pulmones de UK, es famoso por sus espacios naturales y la riqueza de sus ecosistemas. Además se encuentra en plenas  East Midlands, una zona del país que todavía no había visitado.

Se trata de una granja que se dedica en gran parte a comercializar productos de huerta orgánica, tanto propios como de terceros. Acaba de ser inaugurada la zona de cafetería, donde los clientes pueden saborear platos elaborados con vegetales de temporada.

Aunque desde su fundación -hace más de 20 años- han criado varios tipos de animales en la granja, actualmente sólo hay gallinas -unas 150 aproximadamente-, que son cuidadas hasta el extremo.

Uno de los rasgos innegociables de Trinity Farm es su férreo seguimiento de métodos propios de la agricultura biodinámica, que hace referencia a los postulados de Rudolf Steiner. Existen varias críticas a este tipo de prácticas debido a la falta de rigor científico en algunos aspectos calificados de místicos, como por ejemplo la planificación de la siembra en función del calendario astrológico o el preparado de productos fertilizantes cuya eficacia aún a día de hoy es dudosa.

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Así las cosas, si algo me ha quedado claro en estas cuatro semanas es que el uso de pesticidas o productos artificiales está terminantemente prohibido en Trinity Farm. Tanto es así que, ante una plaga de ratas que durante mis dos primeras semanas asediaron noche tras noche los invernaderos, en ningún momento se emplearon venenos para acabar con ellas. De hecho, acabar con ellas nunca fue una solución planteada, sino que el objetivo siempre fue apartarlas, que fue lo que finalmente ocurrió.

Hay un detalle que me pareció muy interesante: una gran extensión de terreno de la granja está dedicada a la cesión de pequeños huertos a personas de la zona interesadas en ellos. El acuerdo se formaliza a través de un alquiler simbólico de 10 libras al mes. Según me explicaron los responsables de Trinity Farm esto lo hacen “para crear comunidad”, aunque es evidente que también es una manera de atraer clientela a la tienda de la granja.

  • El staff

El núcleo de la empresa es familiar: está comandada por Lewis -fundador y director a nivel estratégico- y Daniel -su hijo, encargado de la tienda-. El equipo lo completan Stuart -encargado de la granja a nivel operativo-, Nick -granjero-, Joe y Keira -cocineras/os y asistentas/es en la tienda-, Steve -granjero y manitas oficial- y Scott -encargado del reparto a domicilio de los productos de la tienda-.

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Stuart (izqda) ha sido todo un descubrimiento: líder, trabajador, empático y coherente.

  • Los wwoofers

El ambiente multicultural fue palpable desde el primer día. Al llegar a la granja ya había tres voluntarias/os que llevaban allí tres semanas aproximadamente: Jordi -catalán-, Paula -canaria- y Petra -sueca-. Posteriormente se uniría Angèline -francesa-.

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Jordi (izqda) y Petra (dcha) han sido dos fantásticas/os compañeras/os de aventuras.

  • El alojamiento

A lo largo de estas cuatro semanas he vivido en dos caravanas. Las condiciones han sido duras: a pesar de disponer de un radiador, el frío ha sido el principal enemigo en esta aventura. Esto derivó en una curiosa rutina: cada noche, antes de ir a dormir, rellenaba tres botellas con agua hirviendo para después dormir con ellas en mi saco.

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La primera caravana: una bofetada de realidad, pero con encanto.

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La mayor parte de nuestro tiempo libre -fines de semana aparte- la hemos pasado en la caravana más grande, que dispone de cocina, comedor y lo más importante: chimenea. Es curioso ver cómo tu lista de prioridades cambia según el entorno. Cuando trabajábamos en el invernadero con la radio puesta -la BBC Radio 2, para más señas- recuerdo haber pensado más de una vez en lo ridículas que sonaban allí las letras de las canciones: ¿a quién le importa el amor cuando estás limpiando huevos de gallina y tienes los pies congelados?

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Regla número 1 en la caravana común: mantener vivo el fuego.

  • La comida

Se dice que el hombre es un animal de costumbres, y esto Joe -el cocinero- se lo tomaba a pecho. Él era el encargado de hacer la comida del mediodía para trabajadoras/es y voluntarias/es en la granja. Salvo dos días en los que nos preparó una especie de estofado, el resto siempre consistió en puré de verduras y legumbres -riquísimos, por cierto- siempre con un delicioso regusto picante, acompañados por las clásicas tostadas con mantequilla que tanto gustan por tierras británicas.

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En la cena la cosa cambiaba. Las/os voluntarias/os podíamos coger productos de la tienda en todo momento y prepararnos nuestros propios platos. Esto dio pie a creaciones excéntricas como la tortilla de patatas de la foto, cuya receta incluye tomates, pimientos, chili y arándanos. Aún así, mi cena más repetida ha sido la simple pero efectiva combinación de pan con queso.

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Sí, chili y arándanos.

  • Las tareas

Estos meses del año no son agradecidos en una granja. Esto fue más un Campamento Krusty que el plató de los Teletubbies. La mayor parte de los días mi cometido fue montar y desmontar los corrales de las gallinas, alimentarlas, recoger sus huevos, limpiarlos y meterlos en sus cajas. Otras de las tareas estrella fueron las de hacer weeding -arrancar las malas hierbas de las huertas- y mover constantemente árboles de navidad desde el almacén hasta el parking-escaparate.

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Una de mis tareas más frecuentes fue la de montar y desmontar corrales para las gallinas.

Aunque es cierto que ha habido momentos muy duros, creo que uno de los tesoros que me llevo es el hecho de haber sabido captar la belleza que se esconde detrás de los trabajos más sucios. Tareas invisibles en muchos casos, pero imprescindibles para que el proyecto funcione.

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Los intangibles

Fue un auténtico placer escapar de la urbe por un tiempo. Huir del tráfico y de los centros comerciales, que son los campos de concentración del S.XXI. Pero al mismo tiempo esta aventura fue un ejercicio donde he podido entrenar fundamentalmente dos habilidades: la capacidad de adaptación -nuevo entorno, nueva vivienda, nuevos compañeras/os, nuevos roles- y la capacidad de sacrificio: la séptima carretilla de compost que transportas de una punta de la granja a otra ya no te hace tanta gracia como las anteriores.

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Otra pequeña victoria fue la de ganar perspectiva. Cuando sales de lo que algunos llaman zona de comfort aprendes a ver determinadas situaciones desde otros puntos de vista. Estos nuevos prismas son auténtico oro a la hora de diseñar nuevas soluciones.

IMG_20141207_140558Así las cosas, quizás las joyas de esta corona hayan sido las personas que he conocido. Todos estamos librando nuestras pequeñas grandes batallas y es absolutamente maravilloso aprender a través de los ejemplos que la vida te pone delante. De sus cicatrices, mis cicatrices y las de las heridas que todavía nos quedan por curar.


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2 Responses

  1. Sandra dice:

    Me alegra que seas tan innovador y trabajador, la profesión necesita gente como tú. Comparto la opinión de que hay que alejarse de la zona de confort para descubrir nuevos prismas y generar nuevas soluciones. A lo que añado, que a veces las respuestas están en volver al pasado, a lo vintage o al menos para tomar conciencia de nosotros mismos.
    Saludos desde el sur!

  2. Mariajo dice:

    A tus pies. Sin más. GRANDE!!! (Y lo que queda por escribir…)

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