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Neal Gorenflo: “Los seres humanos somos maestros colaboradores”

5 Ago , 2014  

Texto: Arturo Nicolás e Iris C. Permuy | English version

Tener la posibilidad de charlar con él es todo un privilegio. Neal Gorenflo -cofundador de Shareable– forma parte, junto a Rachel Botsman, Antonin Léonard, Lisa Gansky, Arun Sundararajan o Albert Cañigueral, entre muchas/os otras/os, de un grupo que lidera la expansión de la economía colaborativa a nivel mundial, cada uno a través de sus publicaciones, conferencias y/o sus propias plataformas.

Esta charla, decía, es todo un privilegio porque una entrevista con un experto como Neal sobre un tema tan apasionante como la economía colaborativa -o consumo colaborativo-, rápidamente se convierte en una masterclass sobre la revolución que viene, un cambio de paradigma que ya se ha activado y que cambiará nuestra manera de entender el mundo y las relaciones entre los seres humanos.

Antes de reproducir la conversación tomamos nota del link para descargar gratis el libro que han escrito Neal Gorenflo y sus colaboradoras/es de Shareable: Share or die: Voices of the Get Lost Generation in the Age of Crisis,  una especie de colección de mensajes desde la línea de batalla de las situaciones que a día de hoy ponen en jaque a la supervivencia de nuestra especie.

Además, Shareable es especialmente útil gracias a Sharing Cities Network, proyecto que conecta a miles de personas para construir en común la nueva era colaborativa. Por último, es especialmente recomendable el informe que Neal y compañía han redactado sobre las políticas adecuadas para las ciudades colaborativas: lo tenéis a vuestra disposición aquí.


Arturo Nicolás: Podemos empezar hablando de 2004, cuando decidiste vivir una vida diferente. ¿Por qué?

Neal Gorenflo: Bueno, sinceramente nunca pensé que pudiera ser la clase de persona en la que quería convertirme ni tener la clase de vida que deseaba, y se me ocurrió que compartiendo podría tener la oportunidad, o al menos tuve la corazonada de que un estilo de vida basado en compartir podría proporcionarme las cosas que quería, el tipo de experiencias y relaciones y la comunidad que quería para mi vida. Y pensé que podía alcanzar mi potencial creativo como ser humano, así que esa fue la razón principal. Y en cuanto a la situación, estaba trabajando para una gran multinacional. Trabajé allí un par de años. La gente con la que trabajaba no estaba mal, era más la situación de estar trabajando para una empresa tan grande, parte de una economía global. A ver, en dos años nos cambiamos de sede tres veces, la oficina central se cambió tres veces, y así estaba yo, persiguiendo literalmente a ese fantasma, ¿sabes? Un día estaba trabajando en Redwood City, después en San Francisco, después en Bruselas, y creo que se volvieron a cambiar cuando yo me fui. Me estaban desarraigando de todo lo que quería, de mi gente de San Francisco, que estaban haciendo proyectos geniales en los que me hubiera gustado involucrarme, y de mi entonces novia, que ahora es mi mujer, Andrea. También me afectaba el mero hecho de estar alienado de mi propio propósito y de mí mismo en aspectos importantes, así que…

A.N.: ¿Qué es lo primero para explicar el éxito de la economía colaborativa? ¿las razones económicas o las éticas?

N.G.: Pues creo que es porque resulta muy práctico y productivo el poder conseguir más por menos. Creo que la antigua economía ha alcanzado una especie de límite, de modo que ha llegado el momento de compartir. Me refiero a que es algo que siempre ha estado ahí y que es una característica esencial del ser humano. Creo que es por lo que nos hemos convertido en la especie dominante de la Tierra, porque somos maestros colaboradores y somos capaces de compartir, y será así como nos salvemos, a nosotros mismos y al resto de la vida del planeta. Tenemos que redirigirnos hacia unos objetivos distintos, o unos objetivos nuevos, si queremos seguir prosperando en el planeta Tierra.

A.N.: Este año estuviste en el Ouishare Fest en París y el Fórum Impulsa en España. ¿Qué piensas del incremento de la economía colaborativa en Europa? ¿Dónde es más fuerte, en Estados Unidos o en el Viejo Continente?

N.G.: Todo depende de cómo definas economía colaborativa. Mi perspectiva, basándome en mis viajes y visitas a diferentes comunidades colaborativas de todo el mundo, es que toda comunidad tiene algo que ofrecer. España, aunque tiene sus problemas ahora, sirve de inspiración para todo el mundo. Y especialmente en Estados Unidos tienen mucho que aprender de eso. Hay una red de código abierto, veinte mil nodos, una red organizada. En París, hay sistemas pioneros de bicis y coches compartidos, quizás se podría decir que el mejor sistema del mundo. Al menos el sistema de bicis compartidas ha sido realmente revolucionario en el mercado de bicis compartidas, e innovó con un modelo que captó y catalizó el boom de las bicis compartidas. Y mira Viena, en Austria, que tiene un sistema de vivienda pública y de vivienda cooperativa increíble, que cubre los costes de alquiler y vivienda en la ciudad, que es la ciudad número uno o la más habitable del mundo.

Todo depende de dónde estés. Cada lugar tiene algo que ofrecer y por eso las distintas redes de las ciudades empezamos a colaborar, para catalizar el aprendizaje entre ciudades y cómo las diferentes ciudades gestionan sus recursos de maneras distintas.

A.N.: Siguiendo el enfoque de Jeremy Rifkin, ¿estamos ante una nueva Revolución Industrial? ¿cuál es la clave para que esto se produzca? 

N.G.: Bueno, La Tercera Revolución Industrial lo que dice es que los nuevos medios de comunicación y regímenes energéticos -Internet combinado con tecnologías de energía distribuida- reordenarán las relaciones sociales desde una sociedad con un modelo vertical de fábrica hacia relaciones más puras, con el potencial para una mayor equidad. Quiero decir que se trata de un potencial, aunque hay que darle forma y buscarlo, no nos viene dado como un regalo, necesita que luchemos por él. Es también parte del motivo de nuestra existencia, el motivo por el que la cofinanciación existe es abrirle los ojos a la gente ante el potencial de la transformación social que esta coyuntura nos ofrece, con el declive de la antigua economía y de la emergencia de los nuevos valores y las nuevas tecnologías, y que actúen en consecuencia, que lo hagan realidad, que consigan que funcione para todos nosotros, como personas y como planeta.

A.N.: ¿Tiene enemigos la economía colaborativa? 

N.G.: Una perspectiva bastante optimista a largo plazo es que no hay enemigos, que solo hay amigos. Hay enemigos a los que todavía no hemos convertido, ¿entiendes? Creo que es un gran cambio de paradigma. Ataca los cimientos de la economía global, de nuestra sociedad, la forma en que consumimos, producimos, gobernamos y financiamos nuestro mundo, y por lo tanto los puntos de fricción son muchos: la cultura, las regulaciones, las leyes, nuestra propia imaginación sobre lo que es o no posible.

Queda muchísimo trabajo por hacer y estoy entusiasmado. Creo que es un reto enorme y muy divertido, un reto que, creo, tiene el potencial para sacar lo mejor de nuestra especie.

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A.N: Hace poco conocimos el caso de una mujer que, a través de Airbnb -uno de los buques insignia de la economía colaborativa- alojó a un hombre que al final se convirtió en un okupa. Este caso no es ni corriente ni representativo, pero en los medios de comunicación causó furor. Curioso, ¿no?

N.G.: Ya, bueno, mujeres y okupas, ¿una gran historia? Creo que es el carácter de novedad de la historia, que la economía colaborativa es este gran fenómeno global y es noticia, y por tanto tiene mucho interés para los medios de comunicación, y este es el pequeño precio que hay que pagar. Es un gran gancho, por eso es tan interesante y creo que, generalmente, en los medios estamos en un período en el que hemos ido más allá de la publicidad engañosa o de ser simples animadoras, para hacer críticas y análisis más sustanciales, algunos creo que bastante injustos o no bien considerados, y algunos de ellos bien hechos y muy bien considerados.

A.N.: Neal, soy un gran fan de las plataformas como Wikihouse y creo que quizás ese tipo de proyectos pueden luchar contra las desigualdades del mundo. ¿Es posible que la economía colaborativa tenga un propósito social?

N.G.: Sí, definitivamente, creemos fervientemente en esa idea, y estamos centrando la mayor parte de nuestra atención en proyectos como el de Wikihouse, que no solo ayudan a que la gente colabore en la plataforma, sino que la gente es la plataforma. Están los dueños, que lo dirigen, y están aquellos a los que querría ver más, y que creo que veremos más, porque la economía está ahí. Creo que no estamos muy alejados de un sistema más justo, donde los anfitriones sean dueños de la plataforma como parte de una cooperativa o una forma colectiva que divida los beneficios de una manera más justa que lo que vemos ahora en el estilo típico de las startup de Silicon Valley, en las que la mayor parte de las recompensas van a unos pocos fundadores e inversores.

A.N.: Hablas de comunidades, de ciudadanos, etc., y ahora mismo podemos encontrar que algunas plataformas ciudadanas como los fab labs o los makespaces, entre otras, están de moda. Parece que los ciudadanos vuelven a ser productores.

N.G.: Exacto, creo que estamos volviendo a algo que es fundamental en el ser humano: nuestra creatividad…

A.N.: … claramente.

N.G.: Creo que quizás estamos en ese pequeño período del siglo XXI en el que solo un porcentaje relativamente pequeño de los seres humanos dejaron de producir y se convirtieron en consumidores y adoptaron esta cultura de consumo. Creo que, de hecho, es una anomalía, y que estamos volviendo a algo más fundamental, que construimos nuestro mundo y lo construimos juntos.

A.N.: Última pregunta: ¿cuál es el significado de confianza en esta nueva era colaborativa?

N: Bueno, la confianza es muy importante en algunas de las plataformas, es clave para que desconocidos compartan sus recursos, y para eso están los sistemas de reputación, las clasificaciones, las tablas de posicionamiento, los perfiles y los controles de identidad. Todos ellos sirven para aumentar la confianza entre desconocidos, lo que nos permite llevar la colaboración más allá de las tribus y las familias, a gente que no conocemos y que tal vez nunca conoceríamos, o entre quienes históricamente tal vez haya habido fricciones. Por tanto, es muy esperanzador en ese sentido. Por otra parte, es también un poco pretencioso. Lo más importante es el capital social, que es una combinación de tres cosas: confianza, reciprocidad y conexión social. Y estos tres factores juntos como capital social crean una especie de capacidad que permite a distintos grupos hacer toda clase de cosas juntos para responder a la crisis y para responder a la oportunidad y encontrar formas de compartir, producir y gobernar. Esto no es posible sin capital social, así que la confianza es una pieza clave, pero no la única. Creo que lo a lo que tenemos que prestar atención es al capital social.


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One Response

  1. Genial, justo ayer estaba disfrutando como una enana recibiendo a nuevos inquilinos franceses por medio de Airbnb, me considero fan absoluta de la economía colaborativa. Ya me estoy descargando el libro de Share o Die (…) y encima gratuito! leer entrevistas como estas te mejoran el día y te hacen optimista. Gracias! ; )

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