OPINION

Retos y desafíos en cuestiones ambientales

5 Jun , 2014  

Texto: Jaume Fons | Foto de portada: Javier Collado Jiménez

Hace unas semanas, hablando sobre la importancia de gestionar los impactos ambientales y la necesidad de medirlos, un alumno me planteaba una cuestión: para qué servía la gestión ambiental y ‘todo eso’. En mi respuesta intenté hacerle ver el caso contrario: qué ocurre cuando no se controlan esos aspectos ambientales; cuando una actividad industrial trabaja sin tener en cuenta temas como la gestión de sus residuos, las emisiones atmosféricas nocivas o el consumo de agua. En ocasiones resulta más ilustrativo pensar qué ocurre cuando las cosas no se hacen bien. Enseguida se obtiene la imagen que responde a la cuestión inicial.

Quizás sea deformación profesional o quizá sea que pertenezco a esa generación a la que le enseñaron a empezar a valorar el medio ambiente por todo lo que aporta, por el papel indispensable que desempeña en el mantenimiento de la sociedad tal y como la conocemos. Por el motivo que sea, al regresar seguí dándole vueltas a la sorpresa que me causó que una persona todavía se cuestionase para que servía todo eso del medio ambiente.

Tal y como se plantea el futuro cercano, de nada servirá hablar de Responsabilidad Social sin profundizar en la necesidad de mejorar el comportamiento ambiental de las decisiones que tomamos. Me encanta oír hablar de ciudades inteligentes, pero no puedo evitar mostrarme escéptico cuando pienso si esas ciudades, per se, servirán de algo en un entorno más preocupado por llegar a fin de mes que de la Sosteniblidad. Y es que los desafíos a los que se enfrenta el medio ambiente en la actualidad deben cubrir un doble reto: permitir volver al crecimiento sin descuidar la sostenibilidad.

Si reflexionamos sobre cómo hemos llegado hasta hoy, es verdad que se ha avanzado de forma generalizada en la mejora del nivel de sostenibilidad del país (pienso en términos de recogida selectiva, de calidad de las aguas y gestión de vertidos o de sensibilización ciudadana, por ejemplo) pero no se puede dar todo el trabajo por hecho, y menos en cuestiones ambientales.

No es necesario navegar entre grandes planes o estrategias bien intencionadas que repiten continuamente lo importante que es ser sostenibles o responsables, para darse cuenta que el medio ambiente está ahí. Y lo mejor que podemos hacer es potenciarlo, activarlo, ponerlo en valor. Un ejemplo: España es el tercer país de la Unión Europea en superficie forestal arbolada. Intente, querido lector, recordar cuándo ha sido la última vez que se ha hablado a nivel político sobre todo el potencial que esta cifra representa. Al contrario, probablemente sea más fácil recordar los últimos incendios que se hayan producido, el despoblamiento rural de las últimas décadas o la falta de gestión y desaprovechamiento de todo ese potencial forestal. Ser responsables también es tener sentido común.

8507050150_95d6627a06_c

Desde hace varios años, los huertos urbanos son una de las iniciativas ecológicas más visibles en las grandes urbes. Foto: 12M15MHuelva

El medio ambiente no está en la televisión, ni en el resto de los medios de comunicación dirigidos al gran público ni tan siquiera, me atrevería a decir, en la calle. No preocupa, no ocupa espacio, no se percibe como relevante. Sí que preocupa la creación de empleo. Y es éste uno de los desafíos principales: poder conjugar la creación de empleo con la Sostenibilidad. Y para ello, el principal reto es lograr que, en España, se deje de ver el medio ambiente como gasto (el justo y necesario para cumplir la legislación en la materia) y se contemple como inversión. Puedes fabricar tus propios muebles, cultivar tus propios tomates o incluso construir tu propia casa. Pero no transformes tú mismo la energía. Cuando se cambie el prisma y se piense en las energías renovables como creadoras de empleo y aliadas contra la dependencia energética de otros países, o cuando las corporaciones municipales realmente quieran plantear un transporte público que sea viable para la mayoría ciudadana como alternativa al vehículo privado, entonces, y sólo entonces, empezará el cambio.

Todo fin no justifica los medios, y en nombre de la Sosteniblidad del sistema se plantean acciones, a menudo cortoplacistas, que más bien ponen en cuestión la sostenibilidad en vez de planificarla. Por supuesto que, si el presupuesto –por el motivo que sea- es más reducido, ello obliga a repensar el reparto. Pero no todo es cuestión de dinero. En muchas ocasiones se trata de pensar antes de invertir, conocer qué propuestas tienen los diferentes actores a la hora de poner en marcha una iniciativa, colaborar y sumar. Cuánto trabajo duplicado y triplicado se ha dado en este país por querer colgarse la medalla el primero; simplemente por no pararse escuchar a los que saben y a los que trabajan día a día con cuestiones de gran calado como la planificación territorial o el diseño de las ciudades, por ejemplo.

Sin ser pesimista e invitando a la reflexión conjunta hacia la búsqueda de resultado, es importante destacar que el presente nos plantea algunos retos más globales, y por ello más complejos y difíciles de resolver que a buen seguro se intensificarán en el futuro:

La contaminación invisible

Uno de los retos que mayor control implica será la reducción de los niveles de contaminación atmosférica existentes en las grandes ciudades. No es un tema menor, puesto que más del 90% de las grandes capitales del planeta respiran aire contaminado (más de la mitad superan 2,5 veces el nivel de contaminación recomendado por la OMS) Esta situación es especialmente preocupante en los países en vías de desarrollo, por lo que en muchos casos se cumple el hecho que pobreza y contaminación van unidos. El principal problema deriva del tráfico de las ciudades, especialmente de los óxidos de nitrógeno y las micropartículas. Teniendo en cuenta que más de la mitad de los 6.800 millones de personas que forman la población mundial vive ya en las ciudades, se puede decir que resulta urgente un planteamiento serio de las políticas de movilidad urbanas y de transporte.

Menos es más: desmaterialización

Ante un entorno que reitera la necesidad de volver a la senda del crecimiento y ante un planeta sobre-explotado, no cabe otra opción que avanzar hacia una economía que produzca más con menos materias primas. Nuestro país cada vez más ha potenciado el sector terciario, importando la gran mayoría de los recursos materiales y energéticos que consume. Eso nos hace más dependientes y más vulnerables. Desmaterializar es un reto que va ligado al de eficiencia (en el uso de materiales y energía) de manera que las empresas y demás organizaciones deberán innovar a lo largo de toda la cadena de valor para poder hacer real esta teoría. Ya existen casos que ponen de manifiesto esta idea: plataformas para compartir vehículos o los sistemas de alquiler de bicicletas que surgen en las ciudades cada vez más son la muestra de que re-pensar la forma de hacer las cosas es una buena manera de ahorrar recursos y ser más responsables también con el medio ambiente.

Donde comen dos, comen tres

Otro reto con impacto en el medio ambiente es el de la alimentación mundial y el acceso al agua potable. Que existan 340 millones de personas desnutridas y 840 millones de personas sobrealimentadas es el resultado de un fracaso en el comercio mundial y en el reparto de los alimentos[1]. Este desequilibrio, unido a la previsión de crecimiento de la población mundial, pone sobre la mesa la necesidad de que gobiernos, multinacionales y organizaciones sociales sean capaces de poner fin a esta situación. Alimentación y medio ambiente dependen mutuamente: alteraciones climáticas modifican los patrones de lluvias y seguías y con ello, los cultivos; provocando situaciones de hambrunas o escasez de agua. Todo ello mientras industrias y transporte continúan emitiendo gases de efecto invernadero para alimentar a los países desarrollados. El pez que se muerde la cola.

Estos tres ejemplos son grandes problemas que, como tales, requieren de una gran capacidad de actuación conjunta de muchos actores, a todos los niveles. Desde el más global al local. Es por ello necesaria tanto una actuación coordinada, como una mayor movilización ciudadana, que no deje en el olvido estas situaciones que se producen. Aprovechar la conectividad y las redes sociales de todo tipo, crear vínculos y comunicarse permitirán hacer visibles los problemas, detectar mejor las causas que los provocan y concienciar sobre su necesaria respuesta.

10352404045_f3d3b00a16_c

“…el principal reto es lograr que, en España, se deje de ver el medio ambiente como gasto y se contemple como inversión.” Foto: Dlmanrg

¿Qué papel juegan las empresas y su responsabilidad ante estos escenarios?

Son agentes clave, por diversos motivos:

  1. Por el control directo que ejercen sobre aspectos ambientales como la reducción de residuos, las emisiones atmosféricas o el consumo de materias. En este sentido, cada vez cobrarán mayor importancia aspectos como la ecoinnovación aplicada al producto y su ciclo de vida, la economía circular (cómo convertir los residuos en nuevas materias primas para otros procesos) o el desarrollo de nuevos métodos de fabricación más eficientes.
  2. Las empresas también ejercen una labor de sensibilización hacia el ciudadano hacia los temas relacionados con la RSE. En una sociedad con un acceso mayor a la información, las empresas han de ser capaces de ampliar los valores que asocian a su producto, puesto que cada vez se les demandará un mayor compromiso ambiental y social. Este trabajo debe lograr que, en último término, los ciudadanos sean capaces de valorar estos aspectos e incluirlos en sus criterios de decisión y compra.
  3. Sin perder de vista la rentabilidad, las empresas deberán incrementar su acción social. Este compromiso con la sociedad no puede quedar en manos exclusivamente de los gobiernos, ya que en determinados países su acción o alcance puede ser claramente insuficiente. En estos casos, las empresas (especialmente las multinacionales) deberán velar por contribuir a satisfacer las necesidades sociales de esos países, logrando un compromiso real con el entorno.

En definitiva, como me preguntaba el alumno, todo esto del medio ambiente (y por extensión, la Responsabilidad Social) debe servir para algo: para ser más felices y para vivir mejor. Ante la magnitud de estos retos, no será pequeña cualquier contribución que ayude a equilibrar esta balanza global y a eliminar presión sobre el entorno que nos acoge. Todo sumará en el logro común de mejorar nuestro medio ambiente.

 

[1] Según datos de la FAO.


Jaume Fons es ambientólogo y consultor en Sostenibilidad y RSC en CIMAS.

 

 

 

 

 


, , ,


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *