OPINION

RSE 3.0: tecnología al servicio de la Responsabilidad Social

21 Dic , 2014  

Texto: Arturo Nicolás | Fotografía de portada: Daniel Go

Superada la primera década del S.XXI, hoy asistimos a un cambio de paradigma cuya dimensión todavía nos resulta desconocida. Por una parte, el crash financiero de 2008 no sólo ha volado por los aires determinados sectores de actividades, sino que ha evidenciado la necesidad de una profunda redefinición del modelo económico global. Por otra parte, el desarrollo de tecnologías como el Internet of Things (IoT), la impresión 3D o la rápida propagación de iniciativas basadas en la economía colaborativa (Airbnb, Couchsurfing, BlaBlaCar, etc.), ponen de manifiesto un aumento significativo de la autonomía e influencia del individuo, que pasa a desempeñar el rol de prosumidor (productor + consumidor).

A lo largo de la Historia, la innovación tecnológica ha jugado un papel crucial en los grandes momentos disruptivos. Los cambios más profundos en la estructura social de nuestra civilización han aparecido tras modificaciones en los sistemas de comunicación y en las fuentes de energía. Ahora, en los albores de lo que autores como Jeremy Rifkin han denominado Tercera Revolución Industrial, nuestro poder de reacción es puesto a prueba una vez más. Ante esta coyuntura no podemos permanecer pasivos. Tampoco la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Así las cosas, la oportunidad vigente para los negocios socialmente responsables es incuestionable. No cabe duda: el actual contexto socioeconómico de rechazo a la corrupción -tanto en entidades públicas como privadas- exige una respuesta basada en valores ante los citados vientos de cambio. Es por esto que empiezan a prosperar tiendas online como Ethical Superstore -distribuidor británico cuya oferta reúne únicamente productos que superan un riguroso filtrado ético-, o Snact -fabricante de snacks de fruta procedente del excedente de supermercados-, por citar dos ejemplos. En España, aunque todavía en fase embrionaria, las cooperativas de consumo -un caso más del proceso de desintermediación que vivimos- gozan cada vez de más peso específico. Muestra de ello es Abacus, organización que además opera con app propia.

Al margen de esta evolución lógica en la cadena de distribución, existen alianzas específicas mediante las que tecnología y RSE se abrazan para aportar valor añadido a aquéllas empresas preocupadas no sólo por sus resultados económicos, sino también por su impacto social y ambiental. ¿Se imaginan ir al supermercado y, tras un breve chequeo de un código de barras con su smartphone, poder comprobar el nivel ético de los productos de su cesta? Esto ya es posible en países anglosajones gracias a apps como GoodGuide o Ethical Barcode, basadas en la medición y evaluación de indicadores éticos. Este proceso de rating se realiza con herramientas muy similares a la Matriz del Bien Común propuesta por Christian Felber y demás impulsoras/es de la Economía del Bien Común. Este tipo de instrumentos, además de dotar al consumidor de mayor información en la toma de decisiones, visibiliza las dimensiones social y ambiental de las empresas: en el peor de los casos actúa como denuncia y estímulo y en el mejor sirve de refuerzo positivo y reconocimento.

Estoy seguro de que a ninguna/o de ustedes se les escapa el hecho de que uno de los mayores desafíos actuales de la RSE tiene que ver con la búsqueda de soluciones adaptadas a pequeñas y medianas empresas. Cómo no, las nuevas tecnologías ofrecen un amplio abanico de posibilidades para brindar oportunidades a las pymes para desarrollar, ampliar y consolidar su faceta social. Encontramos un modelo interesante en Neighbourly, iniciativa online también británica que conecta proyectos sociales con empresas interesadas en aportar recursos humanos y/o económicos a la causa. Parece que no le va mal, ya que desde su creación -julio de 2014- hasta octubre ha facilitado el apoyo para más de 40 proyectos por un montante de más de 350.000 libras. Las cifras hablan por sí solas. ¿Es replicable este modelo en España? No me cabe la menor duda.

Lo cierto es que estos ejemplos invitan al optimismo, fundamentalmente porque el potencial que poseen las tecnologías citadas es sencillamente apabullante. RSE e innovación tecnológica deben, por tanto, guiar el camino de todas aquellas empresas que decidan creer en el bienestar de sus stakeholders como auténtico eje estratégico.

De todo lo expuesto se extrae una idea capital: la RSE necesita abandonar viejos esquemas rígidos para ganar en flexibilidad y capacidad de adaptación. Ha de mantener los ojos abiertos ante los signos de los tiempos y actuar en consecuencia. De lo contrario, se limitará -como hasta ahora- a perpetuar fórmulas elitistas pensadas únicamente para grandes escalas.

Debemos asimilar el hecho de que la imperante transición de modelo económico global posibilita, en gran medida, la aparición de nuevas infraestructuras capaces de llevarnos a imaginar un nuevo escenario en el juego de tronos de la RSE. Las pymes reclaman mayor protagonismo, pero otros actores como el Tercer Sector o incluso el universo start up demandan igualmente un papel de mayor relevancia.

Los avances tecnológicos serán caballo ganador para todos, aunque para ello primero hay que apostar desde el nivel estratégico, jugando con una hoja de ruta marcada a largo plazo pero también con acciones concretas y adaptativas a corto plazo. Y, por supuesto, con ética. Eso no se negocia.


Este artículo ha sido originalmente publicado en ÁGORA


, , , , , ,


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *